Opinión

A los bolivianos no les gusta que le tomen el pelo

Sábado 08 de enero de 2011
Evo Morales se ha dado cuenta que sus ciudadanos más leales no son tan incondicionales hacia su gobierno como él pensaba. El anunció de un aumento de la gasolina al 82% que su administración hizo en vísperas navideñas, al mejor estilo Chávez, encendió una ola de protestas y manifestaciones en contra de su gestión que nació en el seno de sus seguidores y no precisamente de la vilipendiada oposición de ese país. La ira social alcanzó tal grado de temperatura, que el líder Aimara no le quedó otra salida que retirar la medida a pocos días de anunciarla, aún cuando recurrió al “apósito” de incrementar el salario mínimo un 20% para evitar que la herida siga drenando.

Por lo visto la devoción hacia Evo dentro de la sociedad boliviana no es tan ciega como se creía. Pese a los índices de pobreza y escasa infraestructura que presenta Bolivia, su ciudadanía no está dispuesta a que el ejecutivo de Morales,-que tantas promesas de cambio social y de Estado Plurinacional ha hecho-, la tomen por ingenua y menos con medidas arbitrarias como un aumento desmesurado de los hidrocarburos. Un tema sumamente sensible en los países del hemisferio suramericano, en donde la gasolina es prácticamente regalada, al suponer un coste aproximado menos de un euro el litro y el sistema social y de transporte del país se ha desarrollado bajo esa tarifa.

Si bien es cierto que hay que acompasar el precio del combustible a las demandas del mercado, el gobierno boliviano no puede cometer el error garrafal de llevar a cabo un “gasolinazo” de golpe como preveía hacerlo, porque la reacción inmediata y predecible va a ser que la gente salga a la calle a protestar violentamente, como ocurrió. Para pesar de Evo Morales y su petit commitè, el 80% de la población boliviana,-compuesta en su mayoría por grupos indígenas-, no puede asumir el coste que supone un aumento brutal de la gasolina que, de haberse llevado a cabo, hubiera incidido directamente en la dinámica económica e inflacionaria de un país que no está blindado para este tipo de ajustes.

Esta especie de “intifada” que tuvo lugar en el seno de los sindicatos y trabajadores leales a este llamado gobierno “plurinacional”, demostró que los bolivianos no están dispuestos a que su líder les tome el pelo, a pesar de muchos comulguen con su proyecto político.



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