La élite del fútbol profesional ha copado los triunfos más ilustres en los últimos años, relativizando la afirmación “ningún rival es pequeño”. Barcelona, Manchester United e Inter de Milán han añadido a sus gigantescas vitrinas nuevos éxitos al tiempo que ampliaban la distancia con el resto de clubes en relación a las finanzas. Sin embargo, el balompié también ha acogido en 2010 historias entrañables de sufrimiento, agonía y gloria protagonizadas por invitados inesperados. La selección uruguaya semifinalista en Sudáfrica, el Fulham que luchó por la Europa Liga frente al Atlético o el descendido Goias brasileño que rozó la Copa Sudamericana, son algunas de las sorpresas vividas en la pasada temporada.
La primera década del siglo XXI ha significado un punto de inflexión para el deporte del balón. Unida a la llegada de los años 2000 desembarcaron en el fútbol las grandes retransmisiones televisivas -con la batalla desigual por acaparar sus derechos por parte de los clubes-, la elevación exponencial de las cantidades negociadas en los traspasos y el restablecimiento de la aristocracia tradicional como dominadora de los títulos en juego. Real Madrid, Barcelona, Milán, Inter, Manchester, Chelsea y Bayern de Munich protagonizaron un porcentaje muy considerable de los festejos celebrados en los meses de mayo y junio de los últimos diez años.
La consecuencia directa de la inercia construida y reforzada en las últimas temporadas del siglo pasado es el rotundo aumento de la distancia entre clubes. La pregonada igualdad de condiciones en la lucha por las competiciones nacionales e internacionales de todas las instituciones en liza se ha visto erosionada en la práctica. En la actualidad, los equipos que no cuentan con un presupuesto excelso ven reducidas sus posibilidades de victoria de manera ostensible. El mercado de fichajes ha sufrido una reducción en el volumen de movimientos directamente proporcional a la inaccesibilidad creada por el aumento de las cláusulas de rescisión en los contratos de los jugadores -producto de la espectacular acumulación de capital de los gigantes del balompié-.
Sin embargo, todavía sobreviven los románticos en este deporte tan condicionado por las finanzas, el marketing y lo comercial. A comienzos de la década surgió de entre los grandes un equipo español realmente humilde, sin ningún título en su palmarés, que mostró el camino a los pequeños. El
Deportivo Alavés, con uno de los presupuestos más reducidos de la Primera División, rozó la victoria en la Copa de la UEFA ante el Liverpool (2001), en una de las finales más bellas de la historia. El bloque dirigido por Mané, liderado por figuras desconocidas como
Contra, Javi Moreno, Astudillo o Martín Herrera, dio la campanada al eliminar a algunas de las instituciones deportivas con mayor tradición -tumbó al Inter de Milán-. El sueño vitoriano no llegó a completarse, pero aquellos jugadores mostraron un halo de esperanza al resto de los “mortales”.
Esa esperanza inspiró a las grandes sorpresas de los últimos años en el balompié profesional. La lista se podría comenzar por el
Mónaco de Fernando Morientes que perdió en la final de la Champions League con el Oporto de Mourinho. El novato en esas competencias eliminó al Real Madrid y soñó con ganar la mejor competición a los gigantes. Un histórico se cruzó en su camino en la final, pero nuevamente un humilde se hizo un hueco en la gloria. Su estela fue seguida por
CSKA de Moscú, Zenit de San Petersburgo y Shaktar Donetsk, que vencieron la UEFA en 2005, 2008 y 2009, respectivamente.
En el año 2010 se ha confirmado, entre otras cosas, que la Liga española es exclusiva de Real Madrid y Barça, la Champions no se escapa a los gigantes internacionales y ya se ha consolidado la “era de los jeques”. Pero en la pasada campaña se sucedieron algunas historias particulares que salen del mercado y la potencia económica de los clubes.
Las más dramáticas, con un carácter romántico y entrañable, son las protagonizadas por el
Portsmouth inglés y el
Goias brasileño. Aunque se desarrollaron en continentes alejados, ambas están unidas por los valores que se desprenden y lo trágico de la situación. El club británico, azotado por una grave crisis económica producto de la mala gestión de inversores extranjeros, se declaró insolvente y recibió una sanción de nueve puntos que le condenó al descenso con varias jornadas por disputarse. Con la fuga de jugadores en marcha, la plantilla trató de jugar al fútbol lo mejor posible para matizar el sufrimiento de la afición. Con un juego aguerrido y un plantel limitado pero rebosante de orgullo, el
Pompey se clasificó para la final de la
FA Cup, la Copa inglesa. Tras haber descendido matemáticamente y jugar sin motivación alguna en la Premier, los profesionales del Portsmouth alcanzaron la final soñada ante el todopoderoso
Chelsea. El dulce sueño no pudo completarse ya que
Drogba decidió el torneo, pero la desastrosa temporada se tornó en una enriquecedora experiencia para la masa social del club.
El caso del
Goias brasileño goza de una peculiaridad similar a la del Pompey. El club carioca, fundado en 1943, realizó una temporada muy pobre en la Seria A de Brasil. El equipo finalizó en la penúltima posición, quedando desahuciado a falta de algunas jornadas por terminar el calendario. Sin embargo, la hecatombe liguera de esta humilde institución se compensó con creces. La plantilla Esmeraldina se clasificó para la final de la
Copa Sudamericana (similar a la UEFA europea), donde le esperaba el mítico
Independiente de Avellaneda argentino. En la lucha por el título, a doble partido, el marcador empatado propició que el sueño brasileño se decidiera en los penaltis. La cruel fortuna entregó la copa a Independiente, pero el esfuerzo de la plantilla, la brega de sus jugadores y el juego exhibido, ilusionaron a sus aficionados y encandilaron a miles de aficionados de todo el continente americano.
De vuelta a Europa, en la temporada 2009-10 destacó una sorpresa por encima del resto. El club más antiguo de Londres (fundado en 1879) y uno de los más modestos de la Premier -no ha ganado ningún título en su historia-, el
Fulham, alcanzó la final de la UEFA, cosechando el destello más brillante que sus aficionados jamás han visto. La anodina sucesión de temporadas del club se vio rota por la sorprendente trayectoria en la
Europa Liga. Los
Cottagers finalizaron en duodécima plaza en la liga, pero en la competición internacional tumbaron a instituciones como la
Juventus de Turín, protagonizando remontadas espectaculares. Tan solo el
Atlético de Madrid pudo frenar al modesto equipo británico. Los gigantes cedieron su dominio por un instante en la década.
Una sensación similar emerge al analizar el pasado
Mundial de Sudáfrica. El torneo, resultó un éxito espectacular para la selección española, se confirmó como uno de los mejores recuerdos para la afición uruguaya. Mientras que el equipo de Del Bosque recuperaba su juego y deslumbraba a sus rivales en un lado del cuadro,
Diego Forlán y Luis Suárez construían un hueco para los charrúas en los puestos de honor. Con la tradicional brega uruguaya y el acierto del colchonero,
Uruguay se confirmó como la revelación del campeonato. Su hito rompió una
sequía de 40 años. La rocosa Holanda frenó la progresión, pero el equipo celeste conquistó la cuarta plaza en el Mundial. El logro, inspirador e inesperado, guiará sin duda a las futuras generaciones y llenó de orgullo a los aficionados y futbolistas veteranos que habían olvidado ya la gloria pretérita de su selección.
Por último, y caso más exótico, el fútbol también se ha visto enriquecido en 2010 por un equipo del continente negro. El protagonista absoluto de África y del panorama internacional –en el mes de diciembre- se llama
Tout Puissant Mazembe. El club congoleño conquistó la Liga de Campeones africana a comienzos de 2010 y se clasificó, por tanto, para la Copa Mundial de Clubes de la Fifa. Con el Inter de Milán y el Internacional brasileño como favoritos, los congoleños adoptaron su papel como víctima y lo ejecutaron a la perfección. En semifinales del torneo, el equipo africano -con la mayoría de sus futbolistas nativos del Congo- abrumó al histórico carioca e hizo historia al convertirse en el
primer equipo del continente negro que disputa la final de la Copa Intercontinental. El Mazembe, que se deshizo del
Puebla mexicano (1-0) y del
Internacional de Porto Alegre (2-0), cayó en la final ante el
Inter de Rafa Benítez. La copa viajó a Milán, pero el fútbol se enamoró del sorprendente Mazembe. Quizá muy pocos de sus jugadores competirán algún día en los mejores torneos europeos, pero la entrañable historia de su éxito permanecerá en la retina del balompié. Lejos de los grandes presupuesto también se puede jugar bien al fútbol.