José Eugenio Soriano García | Martes 11 de enero de 2011
Sé bien que mi análisis no tendrá ni un punto de original y que va a coincidir con una inmensa mayoría de comentarios análogos. Pero no lo considero inútil, dada la repelente reacción de los de siempre en este tipo de asuntos, esto es, los nacionalistas de allí, de acá y de acullá que están siempre preparados para debilitar, sea como sea, la seguridad, la estabilidad y el equilibrio emocional y político de los españoles. Y ello, además, con el problema, grave, de un Gobierno que está pensando siempre y ahora continuamente además, en cómo parar la hemorragia de votos que la crisis económica les está provocando y, con ello, la necesidad de ofrecer un triunfo presentado como definitivo sobre el terrorismo.
De ahí que insistir, gota a gota, piedra a piedra, sobre cómo lograr la consistencia y solidez en el planteamiento de cómo no caer en la trampa de siempre, me parezca que ayuda, como tantos otros artículos y reflexiones, a que la opinión de los españoles pueda tener puntos de reflexión y seriedad y no se deje deslumbrar por cantos de sirena, incluso aunque el Gobierno decida desatarse del mástil y caer en la tentación del ulular de esos extraños pájaros con cuerpo de mujer que eran las sirenas o ahora, esos encapuchados de pañuelo blanco y ojos de sangre que son los etarras.
La verdad es que si hubiera el Gobierno logrado ese triunfo definitivo, motivo habría para que muchos españoles de buena voluntad se decidieran a votarles.
Veamos por tanto qué es un alto el fuego definitivo y en qué se diferencia de la extinción de ETA.
Comencemos por esto último. Es fácil indicar que la disolución de ETA, supone, el abandono y entrega de todas las armas, la extinción completa de su organización y entrega de su logística completa (material, archivo, etc), petición de perdón a las víctimas y a cambio, solamente, petición de que oyendo a las víctimas (y algo más que simple audiencia) se les administre perdón. Un reconocimiento total de su fracaso y de su error histórico y social, humano y desde luego, político también.
El denominado por los etarras, “Alto el fuego, incondicional y verificable” no es nada de eso. Una pura pantomima que no merece ni el más mínimo de nuestros desprecios.
Por de pronto, se arrogan establecer deberes y obligaciones para “España y Francia”. Ahí es nada. Ellos son los que dicen que tienen que hacer dos Estados de Derecho. Luego, indican quienes son los titulares de un supuesto y extraño derecho colectivo, que identifican con lo que llaman el “pueblo vasco”, como si los que hemos puesto la sangre, el llanto, las lágrimas, el esfuerzo, el sacrificio, no contáramos. Nos dicen que no somos nadie. Nada nuevo, por supuesto, ya que conocemos a estos engendros. Pero precisamente eso, que no es nada nuevo. Y que la tontería de que son verificables internacionalmente es una estupidez más, que consiste en que cuatro aprovechados sin oficio ni beneficio, quieran darnos lecciones de Estado de Derecho, de Democracia y de Derechos Humanos.
Nihil novum sub sole! Conviene tenerlo claro.
Porque de esa falta de claridad, y también de madurez y de ingenua actitud, han vivido estos asesinos, dado que tales atributos son los que este Gobierno ha tenido. Recordemos Barajas. No hace falta nada más. Y lo grave es el temor que inspira que pueda repetir un dislate semejante.
Ciertamente ya saben que la serpiente muerde. Pero el temor de que el Presidente del Gobierno se siga creyendo encantador de ofidios, es muy grande. Sobre todo en tiempo electoral y con las encuestas en contra.
Aquí sí que debería haber un rápido encuentro con el Partido Popular. Y nunca con los nacionalistas. Un eje claro de vertebración entre unos y otros, sería la garantía de que cada uno entrega al otro una llave de plata, que abren conjuntamente, y solo las dos al mismo tiempo, el cofre en que se guarda la Constitución.
Ese acuerdo de Estado, favorecerá a la par a ambos partidos. Es el momento de actuar como país, como Nación. Los dos ganarían… a costa de los nacionalistas. Y eso es bueno para nuestro país, para los hombres y mujeres de nuestra Patria. Va siendo hora de recuperar esa palabra, tan olvidada y que sin embargo despierta emociones en cuanto se timbra bien. Algo que olvidan los políticos. Y sin embargo, es algo que a todos, absolutamente a todos, nos dará seguridad, solvencia moral y estabilidad.
Es la hora del pacto en contra de ETA y sus amigos, visibles y ocultos. Es la hora de decir a ETA que desde España, no se juega con la vida ni con la patria. Y ganarán, insisto, todos, PSOE y PP. Quizás por igual, y en un círculo de votos, son ellos quienes avanzarán, y quienes perderán serán los que pasteleen y se hagan los débiles, intentando arrimar el ascua a su sardina, que en este caso, se va a quemar.
Quizás soñar con un país en el que los políticos sean responsables, sea pedir demasiado. Pero soñemos, no tenemos otro patrimonio. Y soñemos con que las fuerzas democráticas dentro de un Estado de Derecho, acaban con la serpiente. Con los dos cañones, no con uno solo. Cañones que disparan legitimidad, derechos, seguridad, solvencia, tranquilidad, normalidad. Esas son las balas. No hay otras. Pero tienen que dispararse ya y con puntería. La que da la seguridad de que todos ganamos y solamente hay unos que pierden: los asesinos.
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