Nacional

Eta propone su enésimo chantaje

cosas veredes

Miércoles 12 de enero de 2011
El último anuncio de alto el fuego por parte de Eta “no es la noticia”, decía hoy Rubalcaba. Desde luego que no. ¿En qué estaban pensando los dirigentes de los principales partidos políticos al afirmar de forma casi unánime que es una buena noticia? ¿De verdad creen que debemos celebrar un nuevo chantaje por parte de un grupo de criminales que seguirán matando si no se cumplen sus exigencias? Porque eso es exactamente lo que se desprende de su comunicado en el que explican, punto por punto, todo lo que esperan conseguir y donde no se habla de abandonar las armas ni de que el alto el fuego sea en modo alguno definitivo.

Una buena noticia sería la disolución definitiva de la banda. Una esperanzadora noticia sería que miles de personas pudieran vivir tranquilas y disfrutar de un día a día normal: sin variar su ruta y horarios de ida y vuelta al trabajo, sin revisar los bajos del coche cada vez que vayan a usarlo, sin ocultar a qué se dedican en realidad… sin miedo. Una gran noticia sería la de poder afrontar el futuro sabiendo que no habrá más entierros de inocentes, más huérfanos, más dolor. Cualquier anuncio, promesa o propósito que no implique alguna de las premisas mencionadas no puede ser una buena noticia.

Por eso, el comunicado de Eta no lo es. La soberbia con la que los etarras exigen la autodeterminación, la independencia y que se respeten sus derechos como condición indispensable para mantener el alto el fuego es toda una declaración de intenciones: anuncio un alto el fuego, sí, pero con las armas en la mano preparadas para cumplir una amenaza velada que, por desgracia, sabemos de sobra que serán capaces de cumplir.

Que los terroristas amenacen con seguir matando es previsible, pero que nuestros líderes lo aplaudan no sólo es un mal presagio, sino que pone de manifiesto o una absoluta ingenuidad por parte de todos ellos (que estadísticamente no es imposible pero sí muy improbable), o una alarmante ausencia de mentes brillantes y de estrategias comunes o particulares que nos conduzcan a una solución pacífica y definitiva de este conflicto. Y en cualquiera de los dos casos, por lo tanto, son los etarras quienes, debilitados o no, siguen teniendo la sartén por el mango. Con semejante panorama, permítanme que no me alegre.

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