Opinión

Rusia hace un guiño a Occidente

Viernes 14 de enero de 2011
A nadie escapa que los fines de la carrera nuclear iraní no son precisamente pacíficos, como suele esgrimir -con una reveladora falta de convicción, dicho sea de paso- Mahmud Ahmadineyad. En su política de provocación permanente, al régimen de los ayatolás le salió hace poco un aliado inesperado: el venezolano Hugo Chávez, dispuesto a lo que sea con tan de desestabilizar y satisfacer su afán de protagonismo. Se unía así a China y Rusia, tradicionales aliados de Irán en su constante posición beligerante frente a Estados Unidos e Israel. Pero de un tiempo a esta parte, Rusia empieza a dar algunas muestras de sensatez, no se sabe si real o de impostura, pero sensatez a fin de cuentas. Así, ante el ofrecimiento que hacía Teherán a algunos diplomáticos extranjeros para que visitasen sus instalaciones nucleares, Moscú contestaba que dicha propuesta, siendo interesante, nunca podría sustituir a las inspecciones internacionales, por lo demás innegociables.

Tal vez Rusia se haya dado cuenta de que no le interesa respaldar por sistema a un aliado que puede llegar a resultarle sumamente incómodo. Porque lo cierto es que Rusia tiene muchos más intereses comerciales -que es lo que a la postre acaba decantando la balanza; como muestra, el ejemplo de China- con Occidente que con Irán que, por otra parte, comienza a ser percibido como una amenaza letal por países árabes importantes. Además, asuntos como el de Chechenia tienen un importante componente religioso que no interesa remover, y ahí tendría en frente a Irán. Sea como fuere, si esta es la senda que por la que puede empezar a transitar Rusia, bien haría Occidente en ponérselo fácil.

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