Opinión

ETA y mi primer día en BBC

José Antonio Ruiz | Viernes 14 de enero de 2011
Por más que me lo propusiera, resultaría un intento en vano tratar de encontrar en el baúl de los recuerdos un episodio frustrante de mi paso por la BBC.

Allí, en el Servicio Mundial de Noticias, corriendo el año 1998, volví a renovar mis votos y mi ilusión por esta maldita/bendita profesión, tras la salida inadjetivable de la SER, después de siete años inolvidables de insomnio radiofónico, coincidiendo con la marcha de mi apreciado Luis Fernández y el ascenso del hoy directorcito de La Sexta, el rojo vivo Ferreras, a la dirección de los servicios informativos de la Cadena de Prisa. En el Imperio decadente, que va a tener un final peor que el Romano sin necesidad de maldiciones gitanas, todavía no han caído en la cuenta, como soslaya Manolo Lama, que a veces no es cuestión de dinero, sino de sentimientos y de principios.

Del World Service londinense conservaré el respeto por el trabajo bien hecho, el aprecio por la libertad, pero sobre todo la amistad, la sabiduría y la humildad de personas de buen corazón y cabeza privilegiada que han marcado después mi “ojo clínico”, con mis aciertos y mis estrabismos: Xabier Celaya y Hugo Estenssoro.

Pero nunca podré olvidar el shock que me llevé cuando el mismo día de mi aterrizaje en Strand (muy cerca de la estación Warrent Street donde estalló una de las cuatro bombas en los atentados de julio de 2005), conforme cruzaba el pórtico de Bush House camino de la redacción central de la Región de Las Américas, un director de servicio me estaba esperando para darme la bienvenida, entregarme el libro de estilo de la British Broadcasting Corporation, y de paso mandarme un recadito preventivo, en evitación de futuros malentendidos:

- Te deseo todo lo mejor entre nosotros –me dijo. Pero viniendo como vienes de España, quiero dejarte claro ya desde el primer día, que siempre que hables de ETA ni se te ocurra mencionarla con el alias de “banda terrorista”. Que te quede claro que la acepción oficial a la que te debes atener es la de “grupo armado independentista vasco”.

Bien sabe The Queen Elisabeth que se me quedaron los ojos como el Big Ben del Palacio de Westminster; y que no le arreé un guantazo al susodicho, porque debe ser que soy un incondicional de la Alianza de las Civilizaciones y para mayor descogorcio sólo hubiera conseguido que me detuviera ipso facto Scotland Yard y me llevara esposado hasta una mazmorra de la Torre de Londres, para que criara malvas junto a las ratas del Támesis engordadas por los Tudor. Además, siempre suelo tener presente, como dice Carmen Rigalt, que «la capacidad de reacción es una virtud muy plebeya» como para ir dilapidándola en el cuadrilátero a lo Mike Tyson, ese fenómeno de la naturaleza que acostumbra a comerse las orejas de sus contrincantes.

Así que me la envainé como el capitán Alatriste; ya en un aparte, traté de recomponer la figura como el maestro Ricardo Torres Reina, alias Bombita (30 cornadas en 1.800 corridas), y sin tiempo para el auto compadecimiento tomé la determinación de acatar la orden sin rechistar, como un marine norteamericano de Pearl Harbor, afinando mi puesta a punto como legionario en previsión de la primera entrevista a los batasunos, que tuvo lugar mucho antes del tiempo que tardé en incorporar a mi vocabulario macarra la edificante expresión fuck you!
Desde entonces, odio los eufemismos. Y la gente que se la coge con papel de fumar me provoca unas arcadas incontenibles, ya sean periodistas tragasables sodomizados por el poder, fiscales generales del Estado dispuestos a mancharse la toga con el polvo del camino, o políticos que acomodan su discurso para “gilis” a las razones de conveniencia, llámense Zapatero hablando de Otegui como un hombre de paz, o Aznar refiriéndose a los borrokeños como Movimiento Nacional de Liberación Vasco (MNLV).

Por supuesto que descendería al infierno de Dante si tuviera ocasión de entrevistar a un asesino etarra. Estoy con Iñaki Gabilondo y con Pedro J. Ramírez en que lo importante es el hecho noticioso y lo determinante la actitud del periodista. Por lo que a un servidor respecta, al tarado se lo iba a poner muy complicado para que se luciera ante el auditorio. Y desde luego, ni se me pasaría por la cabeza reírle las gracias y tratarlo como un coleguilla, como ha hecho en fechas recientes uno de estos panegiristas progres del engendro televisivo sociata, libelo infame, que acostumbran a pasar seis veces, seis, la mano por el lomo a los oteguis de turno, “profesionales de la revolución” (Soares Gamboa dixit).

Que ahora vengan estos tres fantoches del Ku Klux Klan a perdonarnos la vida por sexagésima vez por la vía del chantaje, es para mandarlos a tomar por el saco. Y que el secretario de organización del PSOE, Marcelino Iglesias, diga todo él eufórico que espera de la sociedad española que esté a la altura de las circunstancias”, es para mandarlo a hacer gárgaras, aunque el sustantivo más heterodoxo que me viene a la mente es el de “culo”.

Cerca de 900 asesinatos, más de un millar de heridos y otras tantas miles de vidas e ilusiones truncadas por unos matones, psicópatas de mierda, que han encontrado en el discurso indigenista del odio y las exigencias de autodeterminación y territorialidad la razón de ser de su modus vivendi apalancados en la barra de una herriko taberna.

Cuando menos conmovedora resulta la elocuencia hemorroidal de Ignacio de Juana Chaos («Sus lágrimas son nuestras alegrías»), un mal nacido en paradero desconocido, aspirante a taxista-lapa en el Úlster, que por mucho que se esconda, tendrá su San Martín, pues en el cementerio todos seremos iguales.

Una eventual solución negociada entre un Estado democrático y unos pistoleros no tendría otro calificativo que el de la miserable claudicación. Digo lo que dice Javier Rupérez aquí mismo, en El Imparcial: «en fila india, con las armas en el suelo y los brazos en alto».
Al igual que cualquier bien nacido, como Anson también sueño con poder despertar de la pesadilla algún día, con el horizonte despejado de tiros en la nuca. Pero precisamente por eso mismo, la única respuesta posible del Gobierno al comunicado de los valedores de concejales en las próximas elecciones no puede ser otra que la que sugiere Luis María: «Celebramos el alto el fuego permanente, verificable y unilateral, pero la banda no podrá participar ni directa ni indirectamente durante seis años en elecciones municipales, autonómicas o generales hasta que no se compruebe que su anuncio responde a la realidad».

A la memoria de las víctimas del terrorismo, incluida la mamá de Usabiaga, vástago modélico, que bastante tiene la pobre.

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