Sábado 15 de enero de 2011
Hoy sábado España recupera su normalidad democrática, tras casi mes y medio de estado de alarma a causa del caos provocado por los controladores aéreos el pasado diciembre. Bien es verdad que, de los tres estados excepcionales contemplados por la Constitución, el de alarma es el más leve, aunque su vigencia bien podía acarrear más de una perturbación en lo que se refiere al ejercicio de determinados derechos fundamentales. En cualquier caso, las Navidades han pasado sin mayores sobresaltos aeroportuarios, lo cual es bueno para unos usuarios demasiado a merced de los caprichos de controladores, pilotos, compañías aéreas y demás imponderables. Pero ahora que ya no hay estado de alarma, es hora de analizar las circunstancias que han llevado a esta situación.
En primer lugar, el asunto de los controladores. Hay que poner en el haber de José Blanco el hecho de haberse atrevido a abordar con determinación un problema que ninguno de sus antecesores había tratado como es debido. Era necesario recortar las prebendas de un sector con unos privilegios desorbitados. Pero en su debe está en haberlo hecho sin mano izquierda alguna, soliviantando sus ánimos y poniéndoles poco menos que de culpables de casi todo. Y no es así. Los controladores ganaban mucho y tenían un poder excesivo, pero no son responsables del enorme agujero económico de AENA, una empresa pública que hace bien poco arrojaba un balance positivo. Mucho.
Además, durante las primeras semanas, se utilizó la novedad del estado de alarma y la expectación que ello generaba -convenientemente alimentada desde ciertos sectores- como cortina de humo para intentar camuflar los problemas reales del país, con la calamitosa situación económica como telón de fondo. A día de hoy, toda aquella batería de reformas anunciada a golpe de titular por el Presidente del Gobierno sigue sin plasmarse en nada concreto, mientras los sindicatos siguen jugando a no se sabe muy bien qué a propósito de dichas reformas. Eso sí que es alarmante, y no un conflicto laboral que actualmente está ya en manos de la justicia.