Opinión

EL PUEBLO DERROCA AL CAUDILLO

Luis María ANSON | Sábado 15 de enero de 2011
Lo importante de lo sucedido en Túnez, al margen de algunos flecos que el tiempo desvelará, es que el pueblo ha terminado con 23 años de dictadura del caudillo Ben Alí. No es la primera ni será la última vez que los ciudadanos imponen la soberanía popular. Nos frotaríamos las manos si algo semejante ocurriera en Corea o en Libia. Y no digamos en la Cuba tiranizada por Castro o en la Venezuela hollada por el caudillo bufón Chávez.

Tras cuarenta años de dictadura en Portugal, Salazar enfermó y murió en la cama. Tras cuarenta años de dictadura en España, Franco falleció, después de atroz agonía, en la plenitud de su poder autocrático. El pueblo no fue capaz de derrocar al dictador que le oprimía. El aliado de Hitler y Mussolini no corrió la suerte de los dos caudillos fascistas.

El pueblo tunecino acaba de dar una soberana lección política. Ha sabido enfrentarse a Ben Alí y ha conseguido pasaportarlo hacia el extranjero. Cuando las barbas de tu vecino veas pelar… Algún caudillo cercano, algún monarca-dictador del Oriente Medio, habrán tenido ocasión de meditar sobre la significación profunda de la revuelta popular tunecina.

No será fácil enderezar las cosas en el país africano. Organizar la moderación y con ella los cauces para la expresión ordenada del voto es tarea hercúlea. Habrá que confiar en que un Ejército maduro y un pueblo prudente sean capaces de articular la democracia pluralista que la nación tunecina precisa.

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