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Temor en el mundo árabe al contagio de la revolución tunecina

Las capitales árabes guardan silencio

Lunes 17 de enero de 2011
Ningún gobierno, ni en el Magreb ni en Oriente Medio ha reaccionado y comunicado oficialmente el reconocimiento al nuevo poder, aunque transitorio, de Túnez. Según el politólogo argelino Rachid Grim, es consecuencia del "miedo al contagio" de la revolución del jazmín.

La república tunecina dispone desde ayer de un Presidente que ha prestado juramento. Es constitucional, aunque su mandato sea interino hasta la organización de las futuras Elecciones legislativas y presidenciales. Fuad Mebazaa ha encargado al primer ministro Mohamed Ghanouchi la formación de un “gobierno de unidad nacional” que asegure la transición. Ghanouchi ya ha recibido a los partidos moderados para incluirlos en el futuro gabinete. Sin embargo, ningún representante de la oposición radical no legalizada, ni tampoco de los movimientos más representativos de la lucha contra la dictadura de Ben Ali, laicos o islamistas, han sido invitados.

A pesar de tener un Presidente en funciones, en las capitales árabes se sigue hablando de “situación confusa”, de “clima de violencia e inestabilidad”, y se llama a los “hermanos tunecinos” a resolver sus asuntos en calma y en base al diálogo. El mundo árabe oficial no ha digerido ni admitido que el pueblo tunecino ya ha derrocado a su dictador y que existe otro poder en el país. El caso más rocambolesco es el del vecino coronel Muamar Gadafi de Libia que persiste en considerar a Ben Ali “como único presidente de Túnez”. Una declaración que ha sido vista en la antigua Cartago como un respaldo a las bandas contrarrevolucionarias, a las milicias benalistas y a los escuadrones de la muerte que siguen sembrando el pánico, saqueando comercios y disparando a bocajarro contra la multitud.

Ni en el Magreb ni en Oriente Medio, ningún gobierno ha reaccionado y comunicado oficialmente el reconocimiento al nuevo poder, aunque transitorio, de Túnez. “Es el miedo al contagio” dice el politólogo argelino Rachid Grim. Las causas que han desencadenado la “revolución del jazmín” están presentes en todo el mundo árabe.

Por esta razón el régimen de Argelia ha decidido suprimir el alza de productos alimenticios, el libio los derechos de aduana y todo tipo de tasas para los alimentos importados, o el jordano una serie de medidas para bloquear el alza de productos de consumo. Lo que no ha impedido que se hayan registrado manifestaciones de solidaridad y apoyo al pueblo tunecino, en Casablanca, Argel, Aman, Nuackchot y Dakar.

El mundo árabe actual cuenta con ocho monarquías absolutistas, cinco repúblicas monárquicas y varias dictaduras. En todos sus países reina el miedo al contagio tunecino. “El efecto dominó es un escenario posible” constata Rachid Grim. En toda la órbita árabe hay las mismas causas y los mismos actores: corrupción, despotismo, cierre del espacio de libertades, paro, juventud desesperada; y junto a ello movimientos de contestación, islamistas, laicos, a los que “la revolución del jazmín” ha dado nuevas energías. En las calles de Gaza, los palestinos de la Yihad islámica han salido a las calles armas en mano para “felicitar al pueblo tunecino por su insurrección contra el régimen tiránico”. Algo que debe meditar Occidente.

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