Opinión

LA ENCRUCIJADA PALESTINA

Sábado 22 de marzo de 2008
Poco o nada queda ya de la herencia política de Arafat. Nadie ha sabido coger el testigo de su liderazgo, y la situación ha desembocado -bien es verdad que por más razones, pero ésta se antoja fundamental- en una guerra civil encubierta entre facciones palestinas. El problema viene de lejos, pero la actual deriva se originó el pasado junio, cuando Hamas se hizo con el control de Gaza tras derrotar en las urnas al presidente palestino y líder de Al-Fatah, Abu Mazen. Este, en una decisión sin precedentes, optó por ilegalizar el Ejecutivo de entonces y crear otro de emergencia, liderado por Salam Fayad. Desde entonces, ha sido Hamás quien ha dirigido de facto la Franja, mientras que Abu Mazen tiene autoridad real sólo sobre Cisjordania. Lo único que une a las facciones palestinas es su identidad como pueblo y su odio a Israel -aunque su antipatía por Estados Unidos, y en menor medida por la Unión Europea, no está en absoluto disimulada-. En lo demás, hay una auténtica guerra de poder. El nepotismo y la corrupción de la administración Arafat llevó a Hamás a hacerse con el poder, enarbolando la bandera de la fuerza frente al odiado vecino, y la presunta rectitud de la que carecían los dirigentes palestinos anteriores. Ahora, se ve aislada. Abu Mazen, si no mayoritario, sí cuenta con cierto apoyo entre los suyos; apoyo que es mayor a nivel internacional. Por contra, Hamás es considerada como lo que es, una organización terrorista.

Las grandes cuestiones políticas a veces ocultan las pequeñas miserias de quienes sufren en primera persona las consecuencias de un problema enquistado. Dada la precariedad en que viven los habitantes de Gaza, el contrabando ha adquirido la categoría de necesidad vital. Este fin de semana ha muerto otro joven palestino, sepultado en un túnel clandestino, de los muchos que horadan la frontera con Egipto, una consecuencia más de las condiciones en las que malvive el pueblo palestino, y más concretamente el de la franja de Gaza, mientras continúa la disquisición política. Y si Israel tiene también su cuota de responsabilidad no se debe olvidar que fueron los israelíes los que se retiraron de la Franja hace casi 3 años, que sólo intervienen cuando desde suelo palestino se lanzan indiscriminadamente cohetes contra sus poblaciones vecinas y que están en negociaciones con Egipto para que sea este país quien suministre la práctica totalidad de energía a los palestinos. En esta ocasión, corresponde a Palestina la iniciativa. Deben desterrar el terrorismo como medio -cuando no como forma de vida- aunar fuerzas y poner todo su empeño en demostrar que son capaces de hablar con una sola voz. En paz. Y sobre todo, que pueden dar esperanza a un pueblo hastiado y deprimido.

LAS COSAS POR SU NOMBRE

El consejero de Educación y Medios de Comunicación de la Generalitat, Juan Manuel Tresserras, ha sido invitado por la Universidad de Stanford para dar una conferencia en el centro, como ya lo hicieran recientemente el lehendakari Ibarretxe o el ex peneuvista Joseba Aguirre. No sería un hecho destacable si no fuera porque en el texto de la convocatoria al acto se presenta al político de ERC como "ministro de Educación del Gobierno de Cataluña". Confundir a un consejero con un ministro no puede achacarse a un mero error de traducción. Y, si lo es, ha de subsanarse para evitar confusiones que pueden llegar a tener consecuencias mucho más amplias a largo plazo.

Las palabras nunca son inocentes. El lenguaje es un producto humano cuyo objetivo va mucho más allá de la mera descripción de la realidad. Crea realidades. Nietzche consideraba que existe un "fetichismo grosero" dentro del lenguaje, porque "basta crear nombres nuevos, apreciaciones y probabilidades nuevas, para crear poco a poco cosas nuevas". Es por eso tan importante esmerar la elección de las palabras para describir conceptos que, por su importancia, deberían tener un significado lo más objetivo posible. La definición de democracia, por ejemplo, no debería ser rehén del capricho. Si perdiéramos la noción clara de cuáles son los mínimos que deben definir a un auténtico sistema democrático, acabaríamos asumiendo como tal a cualquier cosa. En otras palabras, si aceptáramos llamar democracia a un sistema que, por ejemplo, no respetase un derecho básico como la libertad de expresión, terminaríamos desvirtuando el verdadero significado del término.

Valga este ejemplo extremo para ilustrar lo mejor posible la importancia que tiene que una institución del prestigio de la Universidad de Stanford, utilice la palabra ministro para presentar a Tresserras. Si nos acostumbramos a utilizar la misma palabra para denominar a dos cargos que no son equivalentes en forma alguna, con el tiempo acabaremos asumiendo que sí lo son. Es decir, llegará un momento en el que la distancia entre la realidad objetiva y la nueva creada por el lenguaje se pierda. Por ello resultaba tan importante para los nacionalistas catalanes denominar "nación" a Cataluña en el nuevo Estatuto. Hoy no tiene valor legal, más allá de una mera definición, aunque no es ningún secreto que la idea de nación es una realidad etérea que ha de construirse día a día y que una de las maneras de hacerlo es, obviamente, el lenguaje.

Pero, por encima de todo, no hay que perder de vista que en este caso no nos encontramos ante una nueva batalla en una supuesta guerra entre nacionalismos sino en una defensa del valor de las instituciones en las que se asienta la Constitución. La objetividad prima cuando se trata de defender las bases de nuestro Estado de Derecho. Y es por ello que debe los términos para designar a los cargos e instituciones que la representan, deben ser claros e unívocos. Hay que llamar a las cosas por su nombre.

OPERACIÓN RETORNO

Las vacaciones de Semana Santa tocan a su fin y con él llega la temida operación retorno. Desde ayer por la tarde hasta mañana al mediodía, se espera que se produzcan en España unos 3,5 millones de desplazamientos de largo recorrido. La nieve y los temporales que azotan a la mitad norte del país no auguran un trayecto fácil de vuelta a casa, pero, por encima de todo, la prudencia y el respeto a las normas de seguridad serán claves para que el buen balance de la operación salida se mantenga. Por ahora, 49 personas, han perdido la vida en accidentes de tráfico. Una cifra alta, sí, pero significativamente menor a la del año pasado, lo que siempre es una buena noticia.

Sin embargo, no es momento de bajar la guardia. Aún quedan dos días críticos por delante que pueden echar a perder las esperanzadoras cifras logradas hasta ahora. Las carreteras siguen siendo el agujero negro por el que se pierden cada año miles de vida, en accidentes causados, en su gran mayoría por imprudencias al volante. Es decir, accidentes que se podrían haber evitado simplemente siguiendo unas pautas de conducción serias y responsables. Viajar por carretera no puede seguir siendo equiparable a jugar a la ruleta rusa. El progresivo descenso de los accidentes desde la puesta en marcha del carnet por puntos y la reforma del código penal es una prueba de que vamos por buen camino. Pero, como bien dice el lema de la DGT, "no podemos conducir por ti". En última instancia, la responsabilidad de llegar sanos y salvos a sus casas, está en las manos de cada uno de los conductores que se haya echado a la carretera durante estos dos días. La prudencia y el respeto a las normas viales son las únicas garantías para lograr, entre todos, que todo el mundo "vuelva a casa".


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