NUEVO WATERGATE
Sábado 22 de marzo de 2008
John Brennan fue empleado de la Agencia Central de Inteligencia y dirigió, interinamente, el Centro Nacional Antiterrorista. Actualmente asesora al candidato demócrata Barack Obama en materias de política exterior e inteligencia y el pasado enero contribuyó con 2.300 dólares a la campaña del joven senador.
Tras una información aparecida en el Washington Times, el pasado viernes 21 de marzo, el departamento de Estado confirmó que, en tres ocasiones, la ficha del pasaporte de Obama había sido consultada sin permiso oficial. Pero la ilegalidad no quedaba ahí, la intimidad de los otros candidatos (la también demócrata Hillary Clinton y el republicano John McCain) también había sido vulnerada.
Tres contratistas fueron acusados esta semana de las revisiones inapropiadas de los documentos y dos de ellos ya han sido despidos. El tercero, en cambio, sólo ha sido sancionado y diversas informaciones de distintos medios estadounidenses apuntan a la existencia de vínculos entre este empleado -cuya identidad se desconoce- y el grupo de asesores de la campaña de Barack Obama.
La secretaria de Estado, Condoleezza Rice, pidió disculpas a los tres políticos y aseguró que se investigará la supuesta violación de los documentos privados de los políticos. No se ha descartado el uso del detector de mentiras para descubrir la verdad sobre este caso de espionaje.
Este escándalo se destapa en un ambiente de dura confrontación entre los demócratas Hillary Clinton y Barack Obama para conseguir la nominación del Partido Demócrata a la presidencia de EEUU. El estrecho margen de diferencia existente entre ambos ha llevado hasta la máxima confrontación de ambas campañas desatando insinuaciones y acusaciones de todo tipo.
De confirmarse el vínculo al que apuntan la CNN y el Washington Times, un escándalo de esta magnitud podría recordar al que rodeó a Richard Nixon y que le obligó a dimitir en 1974 para evitar el Impeachment aprobado por el Congreso y que habría llevado a su juicio y más que posible destitución por el Senado. Un escándalo que podría terminar con las aspiraciones presidenciales del senador Obama.
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