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A Jáuregui, ensombrecido por Rubalcaba, sólo se le ve por el Consejo Audiovisual

cien días como Ministro de la Presidencia

Miércoles 19 de enero de 2011
Ramón Jáuregui, ministro de la Presidencia, regresó de Bruselas para reparar fisuras en la comunicación de los mensajes del Gobierno. En este tiempo, ensombrecido por Alfredo Pérez Rubalcaba, ha defendido con seriedad las reformas acometidas pero ha abierto nuevos frentes de polémica. El último, un Consejo que fiscalice los contenidos de los medios de comunicación.

Ramón Jáuregui, ministro de la Presidencia. Efe


Ramón Jáuregui, curtido político, se encontraba enfrascado en sus responsabilidades en Bruselas cuando recibió el encargo de blindar a José Luis Rodríguez Zapatero como ministro de la Presidencia. La otra pieza del blindaje, en primer plano y no menos veterana, es Alfredo Pérez Rubalcaba.

Jáuregui no estuvo afortunado en una de sus primeras intervenciones. Reconocido por su solvencia y seguridad, armó revuelo político y en consecuencia mediático al afirmar en el Congreso que Marruecos decide quién entra en el Sáhara Occidental "por su capacidad de administrar ese territorio", interpretado como que admitía la soberanía del país vecino en plena efervescencia de acontecimientos y desprecio a los comunicadores españoles. Un niño saharaui de 14 años había fallecido abatido por disparos de las fuerzas de seguridad marroquíes. Minutos más tarde, en los pasillos del hemiciclo, el ministro se vio obligado a corregir sus palabras.

Una de las cuestiones que más ha tocado defender a Jáuregui, a su pesar, es la continuidad de Rodríguez Zapatero de cara a las elecciones generales. Aclara que el presidente agotará la legislatura “en cualquier caso” porque “el partido dura 90 minutos” y zanja el asunto hasta final de año, cuando, explica, el presidente habrá tomado la decisión. El segundo frente, ya de calado, ha sido la explicación de las reformas llevadas a cabo por el Ejecutivo, “las que el país necesita y que son el bienestar del mañana” y para las que confía en un consenso con partidos y agentes sociales que no acaba de llegar.

Además, el trabajo de Jáuregui se ha desarrollado en paralelo con los últimos movimientos de Eta-Batasuna. “En entorno político de la banda está trabajando en un escenario de fin de violencia y somos suficientemente contundentes en decirles que no se va a alterar la estrategia si no hay un cese definitivo de la violencia o si ellos no rompen con la violencia de forma constatable e irreversible”, sostiene un ministro de la Presidencia que advierte mejoras en el ámbito batasuno, hecho mal visto por el principal partido de la oposición. Jáuregui manifestó: “Debemos ser inteligentes, pacientes y estar unidos para tratar de favorecer que esta evolución que apreciamos termine bien”.

Tres asuntos han abrochado sus primeros cien días en el Palacio de la Moncloa. El primero de ellos es el planteado por el Partido Popular sobre una revisión del “inviable” modelo autonómico con un mayor control central. Para el ministro, “hoy tenemos una España mucho más cohesionada territorialmente, lo cual no quita que se presenten desajustes, duplicidades o necesidades de coordinación que podemos hacer concertando con las comunidades”.

Jáuregui, en segundo lugar, ha heredado de De la Vega la competencia de ser el nexo entre el Gobierno y la Iglesia. El pasado 20 de enero se reunió con el presidente de la Conferencia Episcopal, Antonio María Rouco Varela, y con el nupcio apostólico, Renzo Fratini, para estudiar los preparativos de la próxima Jornada Mundial de la Juventud, a la que asistirá el Papa.

Por último, el anuncio de un Consejo Estatal de medios de comunicación. Jáuregui argumenta que tienen un órgano similar “todos los países de Europa” y que España es la excepción. El Consejo, con capacidad sancionadora, juzgará contenidos que incorporen “valores devaluados de convivencia y climas e crispación y enfrentamiento”. Inquietud en los medios y nueva oposición del PP.

En estos primeros cien días, Ramón Jáuregui ha evitado comparecencias al presidente del Gobierno, pero ha visto como su Ministerio ha perdido brillo en detrimento de la figura de Alfredo Pérez Rubalcaba. Rodríguez Zapatero perseguía manifestaciones impecables, que no hubiera dudas sobre las actuaciones del Gobierno después de una fallida etapa de comunicación con el anterior equipo. Pese a haber permanecido en la sombra, sus palabras han tenido trascendencia, no siempre bien entendidas. Próximas las autonómicas, toca multiplicar las intervenciones y respaldar a su líder antes y después de mayo en los que se presumen momentos más débiles y cruciales del mandato. A la vuelta de la esquina, las generales.

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