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El partido Ennhada irrumpe en Túnez

formación islamista

Jueves 20 de enero de 2011
El partido islamista tunecino Ennahda es la clave de la estabilidad política de Túnez en los próximos meses. Representa una franja importante de la sociedad. Sus militantes y simpatizantes han participado a título individual o en grupos en la revolución del jazmin. Su fuerza movilizadora comienza a ponerse en movimiento. De su actitud hacia la democracia naciente y de la del Gobierno de transición y el futuro que surja de las Elecciones hacia Ennahda, dependerá en gran parte la estabilidad del país.

“Somos un partido que se basa en las enseñanzas del Islam, y aceptamos las exigencias de la modernidad”, declara a El Imparcial Ameur Larayed, miembro del Buro Político de la formación que lidera el carismático Rachid Ghanuchi, un teólogo con diploma en la Sorbona, considerado como uno de los principales inspiradores del Islamismo político actual.

La cúpula de Ennahda (Renacimiento) ha tomado la decisión de hacer volver a su líder a Túnez. “La dirección ya lo ha decidido, pero aún no hemos fijado el dia”, sostiene Larayed. Ademas de las condiciones de seguridad que habrá que tener en cuenta, el Buro Político del movimiento quiere que la vuelta de Ghanuchi “sea marcada”. “En el aeropuerto de Túnez habrá miles de personas esperándole”, confiesa el dirigente de Ennahda. “No queremos avalanchas ni multitudes, pero habra miles de militantes y simpatizantes para presenciar el momento histórico”.

En un país en plena efervescencia política y social, los Islamistas parecen tener claros sus objetivos. “Nuestra prioridad es alcanzar en el más breve plazo todas las libertades y derechos para los ciudadanos y los partidos políticos”. La apertura del campo político y el respeto con garantías de la legalidad y la justicia es la obsesión de Ennahda.

“¿Por qué habéis determinado esta prioridad por encima de otras como la lucha contra la corrupción, la detención de los responsables de la dictadura o la reformulación de la Constitución?”. Larayed responde: “Hemos echado al dictador, pero no hemos acabado con la dictadura”.

Para los islamistas de Ennahda hay tres símbolos principales del Túnez de ayer con los que hay que acabar: Primero, la familia del dictador, “que está siendo detenida y desmantelados sus negocios”; segundo, el partido RCD, “que será el próximo en caer”; y tercero el aparato represivo “con el que acabaremos después”. Será un hueso duro de roer, pero Ennahda no quiere ceder. “Todos los comisarios de policía, los jefes de servicio, los torturadores, los responsables de las detenciones contra el pueblo, estan aún en sus puestos”.

La prioridad fijada por la dirección de Ennahda se traduce también en la constitución de una fuerza de moderación y de encauzamiento del torrente revolucionario actual. “No queremos violencia, ni venganzas, pero exigimos el derecho a manifestarse sin condiciones”. El artífice de la revolución ha sido el pueblo, en particular los jóvenes, y no hay que pararlo. Los militantes de Ennahda se han volcado en los Comités populares que se han formado en todo el país, “y seguiremos en ellos”.

“En diversas capitales europeas, en París, en Berlín, gente nuestra quería manifestarse ante la Embajada de Arabia Saudita en protesta por haber acogido este país al dictador fugado. Les hemos dicho que no, les hemos convencido que no es la prioridad. Nuestro enemigo es la dictadura de Ben Ali”.

Desconfianza hacia el Ejército
El movimiento islamista no confía en que el Ejército acepte las reglas del juego democrático con todas sus consecuencias. “Haber rechazado disparar al pueblo y enfrentarse a las milicias y a los francotiradores está bien, pero no queremos caer en falsos espejismos”. Ennahda es quizás el único partido en estos momentos que observa con precaución lo que podría hacer el Ejército. “Está claro que su comportamiento en estas semanas ha dado de los militares una nueva imagen”, acepta Larayed. “¿Pero con qué finaldad? ¿Qué van a hacer después?”.

Cuando le comento que la reflexión mas común que se hace estos días acerca de las Fuerzas Armadas es que “no hacen política” y que se dedican “a la defensa de las fronteras y de la seguridad del pais”, se queda callado. Al mencionar al general Rachid Amar, al que el pueblo está considerando como un héroe, y que simboliza la oficialidad de ese Ejército del que Ennahda desconfía, Larayed me recuerda que Ben Ali también era general y que sus primeros pasos los hizo en los servicios de inteligencia militares, y que también el general Ali Seriati, jefe de la Guardia presidencial y promotor de las milicias benalistas que están matando a los tunecinos y practicando la política de tierra quemada, es un general de carrera.

Las próximas semanas podrán ser decisivas en la visibilidad del panorama político tunecino. “Todos los escenarios son posibles, y queremos estar preparados. Que no nos pase como en los años 90, que más de 30 mil militantes de nuestro movimiento fueron encarcelados, torturados, muchos muertos y desaparecidos”. Nadie tiene derecho a confiscar la revolución, exclama, y tenemos que crear las garantías para que eso no ocurra.

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