Martín-Miguel Rubio Esteban | Viernes 21 de enero de 2011
Muelas del Pan, a 25 de Abril de 1951
Querida Madrina:
Al pueblo español ya no le importa que la Policía, la Guardia Civil o el mismísimo Ejército lo masacre a balazos o lo triture a palos. Está viviendo una miseria espantosa. España, Una, Grande y Libre está siendo acosada hoy como nunca por el hambre y los chinches. Con el sueldo que los empresarios dan a los trabajadores o el Estado a sus funcionarios ya no se puede comprar huevos, ni aceite, ni garbanzos, ni tan si quiera pan. El pueblo se muere literalmente de hambre, y sale a la calle para decirlo, como en Barcelona, Bilbao, Pamplona o Madrid. Detrás de este pueblo hambriento, famélico y enfermo de inanición no están los comunistas, ni los masones, ni ninguna conspiración política.
Está sólo la pura necesidad. Los barceloneses se sublevaron porque el billete de tranvía que los lleva diariamente a trabajar a las fábricas hipoteca ya el 15% de su ridículo y escandaloso jornal. En Pamplona las amas de casa se levantaron de furia y se concentraron en la Plaza del Castillo porque una sola docena de huevos se tiene que adquirir con una tercera parte del jornal de sus maridos. En Madrid lo mismo. Y aunque la represión ha sido brutal ( nadie sabe los muertos que ha producido ), las protestas continuarán porque no se puede estar quieto cuando se tiene hambre. Los mismísimos empresarios sostienen que hay que subir el sueldo mínimo para aumentar la producción. La propia Falange, la que no se ha vendido aún a la aureola mirífica del Caudillo, reconoce que las cosas no pueden seguir así. Una cosa es la Falange “in excelsis”, la de Raimundo Fernández Cuesta, compuesta por virilidades equívocas y de gestos extremosos, que desfila sobre mullidas alfombras cortesanas, y otra es la de la base, que comienza a musitar cosas hostiles contra el Caudillo, y que teme que el hambre y la miseria hagan estallar el Régimen. El otro día estuve tentado de escribir una carta a mi casi paisano Girón de Velasco sobre este estado de cosas terrible que sufren los trabajadores, y que son tan contrarias a la doctrina social del propio José Antonio. En ella aludía a las corrupciones del Régimen; a qué bolsillos han ido, por ejemplo, a parar los grandes créditos estadounidenses a fin de dar aliento a nuestra economía. Al final, la escribí pero no me atreví a mandarla. Teniendo en cuenta cómo es José Antonio Girón de imprevisible mi carta sólo tendría dos resultados: o llevarme directamente a la cárcel, u otorgarme un alto cargo en los Sindicatos. No quise arriesgarme a que pudiera sucederme la primera posibilidad.
Yo sobrevivo, adorada Madrina, porque no estoy casado y no tengo hijos, pero no me imagino qué podría hacer con mi magro sueldo de administrativo de Entrecanales y Tábora si de mí dependieran una mujer y un par de hijos, situación que en cierto sentido constituye un objetivo legítimo de mi vida.
La honda miseria reinante margina al pueblo, y al secluirlo del foco nacional deshabita a España. Esta miseria ubicua agitana a todos, en el sentido de marginación que aún late en el significado de este grupo étnico. Don Miguel de Unamuno solía decir, y esto me lo ha contado nuestro querido amigo Federico Sopeña, que la influencia gitana era en nuestro pueblo mucho más profunda que la árabe. Sería difícil calcularlo con exactitud. Pero que el influjo gitano es muy grande en el alma española no admite dudas. Tiene, además, toda una literatura y un folklore copioso y romántico que ha contribuido a difundirla y a exagerarla. Por lo que si ya nuestro pueblo de por sí es proclive, por esta influencia, al gitaneo, la miseria marginadora hace de España una nación gitana.
Por lo demás, Madrina, novia y madre, decía don Antonio Machado que dejar al hombre a solas con su hambre y la de sus hijos es proclamar el derecho a una violencia que no excluye la antropofagia. Y desde un punto de vista teórico me parece que la reducción del problema humano a la fórmula un hombre=un hambre es anunciar con demasiada anticipación “el apaga y vámonos” de la especie humana. El poeta finisecular Enrique Paradas tiene una copla que dice:
El hombre, para ser hombre,
necesita haber vivido,
haber dormido en la calle
y, a veces, no haber comido.
Esta copla, un documento sincero del alma española, me encanta por su ingenuidad. En ella se define la hombría por la experiencia de loa vida, la cual, a su vez, se revela por una indigencia que implica el riesgo de perderla. Y este “a veces”, tan desvergonzadamente prosaico, me parece la perla de la copla. Por él injerta el poeta - ¡con cuánta modestia! – su experiencia individual en la canción, lo que algún día llamaremos – horripilantemente – la vivencia del hambre, sin la cual la copla no se hubiera escrito. Es así que debemos al franquismo, entre otras cosas, el enquistamiento y permanencia de la copla.
Gracias al franquismo y la Falange hemos pasado del sentido metafísico de la eterna hambre hispánica a una física hambre endémica española. España, Una, Grande y Libre.
Por otro lado, adorada y siempre deseada Madrina ( contigo pan y cebolla ) los españoles burgueses comen con tanto exceso como los españoles proletarios comen defectuosamente. Reduciendo la gente rica a la mitad su presupuesto alimenticio y dándoselo a los que comen mal, podrían, sin privarse de ninguno de sus lujos, seguir siendo felices; vivirían más años y con menos achaques; follarían más y mejor y habrían, en fin, contribuido a resolver el problema económico de España. Un ingeniero norteamericano, Bryan, que trabaja aquí, en la presa, me dijo hace unos días que la cocina francesa es propicia para satisfacción del apetito y la cocina española para satisfacer ( “indulge” ) el hambre. Me dejó triste, patrióticamente triste, porque el hambre nos iguala a los animales, mientras que el placer de la mesa, es atributo particular de la especie humana. Este Bryan me anima a acompañarlo en octubre a Arkansas, en donde se va a iniciar la construcción de una gran presa, y en donde le será fácil encontrarme trabajo. Me lo estoy pensando. Tanto pan sólo para comer me destroza el estómago. Y mi inglés no es muy defectuoso.
Mientras tanto, espero me sigas dando tus manjares más sabrosos y embriagadores.
Tuyo siempre,
Luis de Santullán
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