Martes 25 de enero de 2011
Todo parece indicar que el atentado terrorista que ayer costaba la vida a 35 personas en el aeropuerto de Moscú tiene la marca chechena. Queda lejos de la escalofriante cifra de 370 fallecidos con que se saldó la masacre en la escuela rusa de Beslán en 2004, también perpetrada por terroristas chechenos, aunque no resulta por ello menos dramática. Es pronto todavía para hacer conjeturas más precisas. Sin embargo, la salvajada perpetrada ayer en Moscú deja bien claro que los tentáculos del terrorismo islámico pueden abarcar cualquier rincón del mundo y que no van a vacilar a la hora de seguir causando muerte y destrucción.
Cabe inferir también que el terrorismo islámico es un problema global y como tal debe ser tratado. Esto es, tomando conciencia a nivel internacional de que las soluciones han de venir de la unidad de acción entre naciones civilizadas. Del mismo modo, habrá que ver si a partir de ahora Rusia se replantea su apoyo a un país como Irán que nunca ha escondido sus simpatías hacia todo tipo de terrorismo islámico, amparando y financiando a muchos de sus ejecutores. También sería deseable ver una condena firme y sin justificación alguna tanto de los países árabes como de la Alianza de Civilizaciones, en lo que sin duda sería su estreno en causas que de verdad merezcan la pena.
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