120 muertos por la revuelta
Domingo 23 de marzo de 2008
En una rueda de prensa televisada desde Dharamsala, la ciudad india septentrional que acoge al Gobierno tibetano en el exilio, el Dalai Lama dijo que de una forma "intencionada o no intencionada, alguna clase de genocidio cultural está teniendo lugar" en el Tíbet.
Asimismo, aseguró que sus reivindicaciones no han cambiado por los últimos acontecimientos y que sigue pidiendo "autonomía, no independencia".
El Gobierno tibetano en el exilio ha confirmado que 120 personas han muerto y 72 han resultado heridas durante las últimas protestas en la capital de la región de Tíbet, Lhasa, en respuesta a las estimaciones formuladas por exiliados tibetanos que elevaban ayer a un centenar las víctimas mortales tras los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad chinas. Sin embargo, las autoridades chinas señalan 19 como el número de fallecidos a causa de las cargas policiales y las revueltas.
Además, el líder espiritual también pidió la ayuda de la comunidad internacional a quien atribuyó una responsabilidad de carácter moral en la causa tibetana.
En su primera comparecencia pública tras los disturbios del pasado viernes en Lhasa, la capital tibetana, el Dalai Lama volvió a expresar su apoyo a la celebración de los Juegos Olímpicos de Pekín este año.
El Dalai Lama denunció las trabas y restricciones que, a su juicio, las autoridades chinas imponen al desarrollo de la educación y la formación en los monasterios tibetanos y alertó del riesgo de desaparición al que se enfrenta el patrimonio cultural del Tíbet.
Por otro lado, expresó su preocupación por el hecho de que las autoridades chinas hayan hecho uso de "la fuerza" para conseguir la estabilidad y la paz en la región tibetana.
Los disturbios de Lhasa tienen lugar en medio de las protestas que desde el pasado día 10 protagonizan los monjes budistas y que se iniciaron para recordar el aniversario de la fracasada rebelión tibetana contra el mandato chino en 1959, que causó la huida al exilio del Dalai Lama.
El Dalai Lama tiene su residencia habitual en Dharamsala, en el norteño estado indio de Himachal Pradesh, donde se encuentra la Administración Central Tibetana en el exilio. Se calcula que la India acoge a unos 130.000 tibetanos que abandonaron sus hogares a partir de 1959.
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