José Antonio Sentís | Miércoles 26 de enero de 2011
Las últimas actitudes del PP, y señaladamente de Rajoy, dan la sensación de que el partido de la alternativa a Zapatero está en una etapa de tregua táctica. Ejerce su oposición al Gobierno "de oficio", más que con el cuchillo entre los dientes, y se esfuerza por dar un mensaje autónomo y confiado en sus posibilidades, pero tan desligado del Gobierno que incluso ni se digna a acosarle.
Sea un reflejo inconsciente de confianza, o una estrategia deliberada de transmitirla, lo cierto es que recuerda en alguna medida el comportamiento de otros partidos de oposición ante un cambio electoral insoslayable, como sucedió en la época en la que el PSOE de Felipe González estaba seguro de su victoria por aplastamiento sobre la UCD. Y, por lo mismo, se aleja de los escenarios de crispación que se derivan de la incertidumbre de un resultado electoral cuando se parte del equilibrio de las posibilidades.
Da la impresión, en efecto, de que el PP tiene descontado su triunfo, y no quiere enturbiarlo con más grescas tabernarias de las imprescindibles en el teatro del Parlamento. Que piensa que el deseo de Zapatero de apurar sus últimas posibilidades o las de su partido, sólo servirán para que éstos se cuezan en su propio jugo, porque no pueden desandar el camino de sus fracasos por mucho que ahora quieran acelerar el paso.
Rajoy podría aparecer ahora como conciliador, e incluso proclive a algún pacto (lo que siempre ha dicho, pero a sabiendas de que nadie recogería el guante). Porque Zapatero ya apenas podría rentabilizarlo, ante la evidencia de que sus gestos postreros son impostados por el peso de la necesidad (europea, claro) y, además, nunca dejarán de ser lentos, vacilantes y contradictorios, lo que es la marca de la actual casa socialista.
Está tan sobrado Rajoy que ya no le incomoda ni Aznar. Más aún, hasta puede pensar que lo necesita, porque el ex presidente sigue siendo un referente cuando se quiere transmitir a la sociedad española que el PP va en serio, tiene determinación y convicciones. Parecidas, probablemente, a las de Rajoy, sólo que expresadas de la forma contundente que sus votantes desean oír (voto que tiene que mantener), mientras que el actual líder del PP se mueve más cómodo en el perfil de la cercanía a los desengañados por Zapatero.
Incluso está tan tranquilo el PP que hasta Javier Arenas puede resucitar un argumento por el que su partido fue puesto durante años en la picota, la posibilidad de que Eta tuviera algún grado de colaboración en el 11-M. Y es que también hay un sector del electorado que mantiene la duda irresuelta judicialmente sobre la verdad de aquella tragedia.
Y, así, los demás dirigentes, tranquilos ahora pese a las tarascadas sufridas, desde Gürtel por fuera, a las pugnas como la de Cascos por dentro. Están todos entre "Elegidos para la gloria" y "Tres metros sobre el cielo".
Sólo tienen cuatro pequeñas cosas para preocuparse:
- Los nacionalistas catalanes y vascos van a hacer lo posible y lo imposible para evitar una holgada victoria del PP.
- Al PSOE le queda aún Rubalcaba. Es verdad que es casi lo único, pero es personaje más difícil de cazar que los faisanes.
- La euforia actual (que sólo es matizada por Rajoy) es la mejor forma de animar al adversario. Si el PP ha puesto sordina en la crítica para no agitar unas aguas por las que navega con comodidad, podría entenderse como error que las convirtiera en turbulentas de tanto chapotear de alegría.
- El exceso de contemporización con el Gobierno en asuntos claves, como las pensiones o la Ley Sinde, puede serle útil para no tener que abordar un problema en el futuro, pero puede dar la impresión de que todos los políticos son iguales, tal vez la frase más repetida de la crisis.
Claro que, deben pensar en la sede de Génova, ¿qué son estos problemas ante la enormidad del desastre de la gestión de Zapatero? Seguramente tendrán razón, y cualquier temor sea infundado. Pero hay que reconocer que siempre queda un punto de angustia ante la tragedia que supondría el mantenimiento del Gobierno más incompetente de la historia recordable de España.
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