Economía

Poder político, cajas de ahorro y consecuencias económicas

Tribuna

Jueves 27 de enero de 2011
Tontinas. Así se llamaban las primeras operaciones de las Cajas de Ahorros, en homenaje al inventor del ingenioso sistema de reparto mutual, el napolitano del siglo XVII Lorenzo di Tonti , que de tal onomatopeya, tenía poco, dado que pocos personajes más listos hubo en la historia financiera.

Las Cajas, en su origen, utilizaron sistemas de mutua, logrando así que el dividendo fuera a la vez, seguro, finanza y base de un capital que paulatinamente creció. Y lo hizo al albur de tesis de orígenes cristiano, en que mezclando filantropía y caridad (protestante y católica respectivamente) conjugaron espectacularmente obra social y crédito al menesteroso con la generación de un capital solvente, de raíz regional o local y que penetró bien en el territorio respectivo. Había un reparto territorial del mercado, siendo tradicionalmente cada pueblo y cada Provincia, asignado a la Caja respectiva. Y en tales feudos no se podía entrar.

Garantizaba el orden, un régimen de órganos rectores ligados a los poderes locales y provinciales, que venían a establecer en ese reparto de mercados, las cuotas de influencia respectivas.

En todo ello, el gran problema era siempre el mismo, ¿pero aquí, quien manda?, la gran cuestión que planteó Alicia en el País de las Maravillas (La cuestión está en saber, declaró Tentetieso - quien manda - …. “Alicia en el País de las Maravillas. A través del Espejo”. Cap. VI. Lewis Carroll) y que nos tememos tenga la misma respuesta que en el cuento inglés.

Porque efectivamente, el poder de los técnicos ha sido importante, pero el de los políticos ha sido el esencial. Sucede que en todo el proceso de toma de decisiones sobre las Cajas, la cuestión es que eran de todos y por tanto de nadie. Y ese vacío venía a ocuparlo siempre la política.

En la época de la democracia, ya con el Decreto Fuentes Quintana y también con la Ley de Órganos Rectores, la solución a la que se acude es siempre la misma: que sean los políticos autonómicos quienes designen a los órganos rectores y, en especial, a su Presidente.

Y Presidentes ha habido de todos los colores financieros, además de los colores políticos. Los más, han sido apacibles y cómodos gestores, ocupados y preocupados de que el Presidente de la Autonomía respectiva se sintiera siempre halagado por su gestión y por la devoción que le profesaba, garantía definitiva de su continuidad. Cierto que han existido Presidentes más solventes y con más personalidad, que han mantenido la independencia de la Caja (dentro siempre de los límites que inevitablemente se imponen en las relaciones entre finanzas y política). Existen también Presidentes que dirigen con acierto Instituciones que son realmente enormes y cuya importancia es tal que difícilmente podrían los dirigentes autonómicos entrar en las Cajas sin arriesgarse a salir escaldados de la operación.
En fin, han existido tipologías de Presidentes, pero el patrón más general ha respondido al primer esquema.

Y ahora, de nuevo, la cuestión está en la mesa. Porque no puede ser que un Banco o Caja esté presidido por un indocumentado. Algún requisito hay que pedir, para fiscalizar, siquiera mínimamente, el capricho del Presidente Autonómico a la hora de designar al de la Caja respectiva (en aquellos supuestos frecuentes en que esto es así y haciendo expresa exclusión de los que la cooptación entre los más preparados permite ascender a la cúpula a gestores de fuste).

Aquí, vía “derecho suave”, tiene que empezar ya a elaborar documentos orientadores el Banco de España. Aunque sea de manera muy indirecta, hay que comenzar a exigir un poco de solvencia y seriedad en los curricula de los órganos rectores de las Cajas. Algo hay que hacer. No puede continuar enviándose a la sociedad que el puesto de Presidente es una bicoca política en manos de un dirigente autonómico sin ningún tipo de preparación ni de responsabilidad. No puede ser que el escudo protector de los órganos rectores de las Cajas sean el respectivo partido político y su jefe local. Esto es puro pasado. Esto es viejo y atrasado. Y si alguien discute sobre que es necesario regenerar la mentalidad y conseguir que las Cajas comiencen a estar en manos de personas con cierta independencia de criterio que puedan motivar con solvencia y responsabilidad los depósitos que se les han confiado, basta mirar alrededor para ver que la pavorosa crisis de confianza en nuestras Cajas proviene exactamente de que han sido apéndices puros de los políticos regionales en la mayor parte de los casos.

Este debate está abierto, por mucho que se escamotee precisamente por quienes deberían abrirlo y que, naturalmente, son los propios políticos. No nos podemos presentar ante los mercados internacionales en petición de financiación por parte de quienes no saben ni lo que están pidiendo.

La denominada privatización de las Cajas y/o su posible nacionalización, se encamina también en esta línea. Al final, algún tipo de persona responsable y sólida tiene que estar al frente de una Institución que ha representado la mitad del sector financiero. Y aunque nuestra clase política se resista porque pierde uno de sus favoritos privilegios, la racionalidad en la toma de las decisiones sobre los préstamos, los créditos, en fin, la acción financiera, tiene que imponerse. Como igualmente tiene que imponerse definitivamente que sea el Banco de España el gran regulador y cualquier veleidad autonómica más o menos establecida en sus Estatutos de Autonomía, tiene que acabar siendo interpretada en un sentido de clara responsabilidad. Y esto solo se consigue con lejanía del regulado respecto del regulador, independencia de este último y, finalmente, actuación exigente con petición de responsabilidades financieras a quienes disipen por ignorancia o sometimiento político el capital de la entidad.

Ahora, estos días precisamente, ante la imposición de los mercados internacionales y la presión alemana y de gran parte de la Unión Europea, parece que todo el mundo está de acuerdo en aparentar seriedad y responsabilidad. Pero eso no es creíble si no se tiene un mínimo de conocimiento y desde luego una enorme independencia frente al político cercano. Mañana mismo, en cuanto pase la tormenta, intentarán nuestros políticos volver a lo de siempre. Pero por eso mismo, hay que decir, con claridad y energía, que es la hora de una regulación exigente, basada en la profesionalidad y el criterio propio al servicio exclusivo de los intereses de la Caja y no de los políticos regionales. Es la hora de hacerla. Veremos si la clase política está a la altura de la circunstancia.

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