mundial de balonmano en suecia
Viernes 28 de enero de 2011
La selección nacional goza de la posibilidad de igualar la mejor marca de su historia, finalista de un campeonato mundial, tras superar un periodo de incertidumbre y ceder el papel dominante de los años 90. A pesar de contar con clubes que triunfaban a nivel continental, el combinado español se alejó de la gloria en los torneos relevantes. Sin embargo, el histórico grupo de jugadores -Guijosa, Barrufet, Masip, Garralda- ya tienen sucesores. El balonmano patrio, que luchará por ganar su segundo Mundial, goza de una salud envidiable.
El día 6 de febrero de 2005 es recordado como la jornada más feliz del balonmano español. Aquella fecha representa la culminación del crecimiento exponencial que vivió nuestro deporte. En aquel histórico mes, la selección nacional conquistó su primer campeonato del mundo, en Túnez. Pero la alegría mantuvo su intensidad hasta el año siguiente, en el que el combinado dirigido por Juan Carlos Pastor alcanzó la medalla de plata del europeo de Suiza. Sin embargo, tras aquel bienio espectacular la selección sufrió un desplazamiento de la élite del deporte, solo maquillada por el bronce conquistado en los Juegos Olímpicos de Pekín.
El balance de éxitos logrados en la década de los 90 y los primeros años de los años dos mil refleja el camino hacia el éxito que recorrió el balonmano nacional. El palmarés acumulado en aquel maravilloso periodo es inigualable, y refleja la condición de favorito con la que partía nuestro combinado en cualquier competición internacional. Un Mundial, tres platas en Europeos y tres bronces en Juegos Olímpicos representan la brillante regularidad que mostró la histórica selección. Pero el séptimo puesto cosechado en el campeonato mundial de 2007 y el noveno lugar del Europeo de 2008 supusieron un golpe complicado de digerir a un grupo de jugadores acostumbrados a ganar.
Era necesario reconducir la inercia negativa que alejaba a la selección de los éxitos pasados. La solución elegida fue renovar las piezas que constituían el equipo. La retirada de David Barrufet –el mejor portero de la historia del balonmano español- del combinado nacional reflejó el cambio de aire. El brío y calidad de los nuevos jugadores se ha combinado con la veteranía y conocimiento del juego de los todoterrenos supervivientes de los últimos éxitos. Con Hombrados en la portería, Iker Romero en el papel de capataz, la efectividad de “Juanín” García desde el exterior y la clase de Alberto Entrerríos se ha creado el lugar adecuado para que crezcan figuras como Albert Rocas, Jorge Maqueda y Eduardo Gurbindo. La solidez de la mezcla, dirigida de manera sublime por el gurú Valero Rivera desde el banquillo, ha lanzado el proyecto de reconstrucción española a la lucha por las medallas del Mundial de Suecia.
La humildad con la que bloque español ha afrontado su participación en el torneo de Suecia rememora la mentalidad con la que el balonmano nacional arrancó su carrera hacia el estrellato de los 90, identificada con la medalla de lograda en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Las victorias conseguidas en la primera fase del campeonato con la seriedad de los equipos grandes y la ilusión de los recién llegados a la gloria han marcado el camino de los pupilos de Valero Rivera. Como en el preludio de la bonanza de los años dos mil, España juega cada partido con la mente en los 60 minutos que dura el choque, no más allá. El ir partido a partido ha construido la confianza necesaria para triunfar en cualquier torneo deportivo.
El horizonte de los seleccionados llega hasta el encuentro de esta tarde (20:30/Teledeporte) ante la rocosa Dinamarca. El presidente de la Federación Española de Balonmano y entrenador –constructor de la gloria nacional en este deporte, Juan de Dios Román, explicó sus sensaciones de cara a la resolución del torneo: “Dinamarca es el mejor equipo, pero España tiene hambre”. Este diagnóstico resume el carácter del grupo de jugadores que han viajado a Suecia para jugar el torneo. La mezcla de vino joven y reserva ha reconstruido el prestigio español en el mundo. La selección ha vuelto a luchar por las medallas y, quién sabe, el camino de vuelta ya haya llegado a su fin.
"Estar en semifinales es un sueño, pero ahora hay que seguir adelante". Esta frase ha sido pronunciada por un componente de la España ganadora de la actualidad. Se trata de Cristián Ugalde, extremo de 23 años del F.C. Barcelona. Comparte vestuario en su club con “Juanín” García e Iker Romero –primer y segundo máximo anotador de la selección-, y ya ha conquistado una Liga Asobal. Sin embargo, la ilusión que desprende pertenece a un deportista que acaba de llegar a la élite, que no se cree todavía su éxito. Esa mentalidad representa la riqueza del vestuario español. En el equipo que compite en Suecia hay campeones del mundo de balonmano, pero la renovada ilusión generalizada impulsa el nivel del combinado hasta situarlo en la gloria. España, y el tradicional carácter de los equipos de balonmano, han vuelto a lo más alto del deporte.
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