egipto
Lunes 31 de enero de 2011
A la espera de la salida de Hosni Mubarak, aún presidente de Egipto, el Ejército se incauta del poder para intentar mantener el orden en el país y evitar de este modo el caos en las calles.
La presión combinada de los centenares de miles de manifestantes que invaden las principales plazas de El Cairo, Alejandría y Suez, junto a los llamamientos continuos de la diplomacia europea y norteamericana al presidente egipcio Hosni Mubarak para que « emprenda la transición democrática en el país », han colocado Egipto al borde de la implosión. En espera de que el Rais egipcio abandone el poder de grado o a la fuerza, el Ejército se ha incautado de las palancas del poder.
A mediados de la semana pasada se inició el proceso de militarización del país con el nombramiento del general Omar Suleiman, hasta entonces jefe de los servicios secretos Gihaz al-Mujabarat al-Amma, como vicepresidente del país. Se colocaba así el mecanismo de la sucesión en su sitio, en caso de vacante del poder por enfermedad o dimisión. Al mismo tiempo, otro general, Ahmed Chefik, que hasta entonces era ministro de la Aviación civil, era nombrado primer Ministro. Se situaban de este modo dos elementos clave de la cúpula castrense en los centros del poder institucional.
Las Fuerzas Armadas egipcias constituyen la columna vertebral del poder en el país de los Faraones. Son quienes han designado los presidentes desde la « revolución de los coroneles » protagonizada por Gamal Abdel Nasser que terminó con la monarquía egipcia en los años 50 del siglo pasado. Desde entonces, durante más de medio siglo, la cúpula militar ha encarnado el sistema de poder.
El generalato egipcio está profundamente occidentalizado. El jefe de Estado Mayor, el general Sami Anan, ha vuelto a El Cairo este sábado desde Estados Unidos, donde se encontraba desde el inicio de la revuelta popular, tras haberse reunido durante largas horas con la Casa Blanca y el Pentágono.
Los militares están dispuestos a «sacrificar» al también general Hosni Mubarak, actual presidente que se aferra al poder a pesar de su avanzada edad, de su enfermedad y de ser objeto de las iras populares manifiestas desde hace una semana.
Hay que tener en cuenta que no es la primera vez que la cúpula militar se enfrenta a Mubarak. Ya lo hizo hace dos años cuando el octogenario Rais quería designar a su hijo Gamal Mubarak como «sucesor». Tanto Omar Suleiman como Sami Anan se opusieron a que Mubarak transformase la república en una nueva monarquía, y no aceptaron el nombramiento. Desde entonces, las relaciones entre Mubarak y la cúpula castrense han atravesado momentos de tensión.
El nuevo vicepresidente, probable sustituto de Mubarak, es el militar mejor valorado en los círculos de poder árabes y occidentales. Es el único que tiene entrada libre en Israel, en Palestina, en Gaza, en Arabia Saudita o en Estambul, así como en los santuarios de los servicios secretos occidentales.
El relevo de Hosni Mubarak por Omar Suleiman sería bien visto por el « comité de coordinación » formado este fin de semana en El Cairo por Mohamed El Baradei y otras nueve personalidades de los partidos de oposición, incluídos los Hermanos Musulmanes. Precisamente El Baradei debe reunirse hoy con la dirección militar para negociar el proceso de transición y la organización de las futuras Elecciones, las primeras libres y democráticas en la historia de Egipto.
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