Martes 01 de febrero de 2011
Los acontecimientos en Egipto se suceden a una velocidad de vértigo. Pocos podían imaginar que la mecha prendida en Túnez se extendiese de la manera que lo ha hecho, pero lo cierto y verdad es que Mubarak se ve cada día más acorralado por un país que quiere empezar a regir su propio destino. La remodelación total del gabinete llevada a cabo por el mandatario egipcio no lograba calmar los ánimos de una población que ayer tarde volvía a desafiar el toque de queda, en defensa de una libertad de la que carecen desde hace casi treinta años. Los mismos que lleva Mubarak en el poder.
Hoy martes puede ser un día crucial, toda vez que se manifestarán en El Cairo simpatizantes de diversas organizaciones políticas, cristianos, Hermanos Musulmanes y la práctica totalidad de la sociedad egipcia, unida en la idea de desterrar la tiranía y alcanzar de una vez por todas un gobierno democrático. De momento, no parece que los radicales islámicos tengan un protagonismo especialmente significativo. Aún y todo, Occidente debe correr el riesgo de apoyar una transición sin demasiadas ingerencias, para que sean los egipcios quienes se erijan en protagonistas. Se sostuvo a Mubarak en su momento, pero ahora los tiempos son otros y toca apostar por la sociedad egipcia. Y si hay gente como Mohamed el-Baradei detrás de ello, el horizonte se presenta esperanzador.
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