Si no media un improbable acuerdo en las próximas horas, este miércoles Bélgica batirá un sorprendente récord. El país centroeuropeo, bastión del espíritu comunitario y sede de la Unión Europea y de la OTAN, se convertirá en el estado que más tiempo ha pasado sin un gobierno oficial. La disputa entre las dos grandes comunidades belgas, la flamenca y la valona, ha desembocado en una crisis política sin precedentes en la historia del país que amenaza con dividir Bélgica en dos.
Caos político, descontrol económico, recelos regionales, disputas por el poder. Podríamos estar hablando de alguno de los conflictivos países del centro de Asia, pero no.
Bélgica se ha convertido en los últimos nueve meses en una nave a la deriva en el corazón de la Unión Europea. Sin un gobierno oficial que dirija la nación y con
seis comisiones de conciliación fallidas, pocos son los belgas que pueden atisbar una solución a corto plazo que deshaga la mayúscula madeja en la que se ha convertido su país.
El pasado 13 de junio, la actual Bélgica pudo empezar su inevitable camino hacia la escisión. Ese domingo negro, los nacionalistas flamencos del
NV-A (Nueva Alianza Flamenca) se situaban como primera fuerza del país en los comicios generales logrando 27 de los 150 escaños en liza. A pesar de su victoria, la formación encabezada por el polémico
Bart de Weber no logró el margen suficiente para formar gobierno, además de encontrar un importante escollo en la propia legislación nacional. Según la ley, el partido ganador ha de formar un gabinete con el mismo número de ministros francófonos que flamencos. Toda una odisea teniendo en cuenta cómo se encuentra el panorama político, con un constante cruce de acusaciones y reproches y el carácter poco conciliador de De Weber.
Tras las elecciones, se abrió la preceptiva ronda de contactos entre las
siete formaciones que podían optar por cantidad de votos a la coalición gubernamental. Y hasta hoy, las rencillas entre las dos comunidades, que se remontan décadas atrás, han hecho imposible un acuerdo.
"Las razones estructurales son muy profundas y se retraen como mínimo a los años sesenta, que es cuando empezó un progresivo proceso de confederalización en Bélgica", señala
Ignacio Molina, investigador del Real Instituto Elcano y profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Madrid. "No existe, desde el punto de vista práctico, la nación belga", declara Molina que no duda al afirmar también que "no hay unos partidos políticos o unos organismos belgas al uso, lo que hay son partidos, grupos o asociaciones nacionalistas que defienden los intereses de sus respectivas comunidades".
Bart de Weber y Elio di Rupo.El NV-A ha abogado por momentos por la separación de Bélgica en dos y su propio líder reconoce que "es un objetivo una vez se den las condiciones idóneas". Por contra, los socialistas del PS francófono liderado por
Elio di Rupo, el archirrival de De Weber, se han erigido como los grandes defensores de la comunidad valona en el país y no dan su brazo a torcer. De este modo, el país centroeuropeo se ha convertido en una suerte de ring en el que, por un lado, se sitúan los
flamencos secesionistas y, por otro, los
francófonos unionistas.
Pero, ¿cómo es posible que siete partidos políticos y siete comisiones de mediación no se pongan de acuerdo para formar un gobierno oficial? Mientras el norte flamenco es la región rica e industrializada del Estado y nunca ha visto con buenos ojos las concesiones a los valones, el sur vive a la sombra de sus vecinos con una renta ostensiblemente más baja. Mientras tanto, en el centro del conflicto, Bruselas, la capital.
Territorio comancheSi bien es cierto que los principales puntos de fricción entre ambas comunidades son el
modelo de financiación regional, la
transferencia de competencias y los
derechos lingüísticos de los habitantes de la periferia de Bruselas, es este último el que más problemas ha traído hasta ahora.
La capital belga, con un 90 por ciento de población francófona y de confesión valona, y sus localidades aledañas son la única región del país oficialmente bilingüe, un status que los flamencos no aceptan de buen grado. Desde que se hizo con la victoria, De Weber ha reiterado su intención de eliminar ciertos privilegios, apoyándose en una sentencia del Tribunal Constitucional belga de 2003, que tienen los habitantes de la periferia de Bruselas como el de elegir el idioma en el que se educan sus hijos o en el que se les atiende en la administración pública. Mientras que en el resto del país la frontera idiomática entre Flandes y Valonia queda bien precisada, en los alrededores de Bruselas no está tan clara y hay importantes minorías francófonas de la periferia de la capital que disfrutan de los beneficios residiendo en territorio flamenco. En este sentido, Ignacio Molina apunta que "
tristemente, Bélgica es un Estado real pero formado por dos naciones de facto exceptuando la capital, Bruselas".
Pase por encima para obtener más información de las distintas regionesAdemás, el asunto de la financiación ocupa muchos titulares. La diferente aplicación del impuesto sobre las personas físicas (el NV-A aboga por una fórmula descentralizada, todo lo contrario que el PS) es uno de los grandes escollos de las negociaciones, sin tener en cuenta que este matiz obligaría a modificar la constitución.
De manera paralela,
la ciudadanía ha pasado del desinterés a la resignación y, de ahí, a la movilización. A pesar del evidente hartazgo que padecen los belgas (35.000 personas de ambas comunidades salieron a la calle hace un mes para protestar por el desgobierno), el acuerdo parece más lejano que nunca. La dimisión del penúltimo mediador real, Johan Vande Lanotte, el quinto con esta misión y el quinto en fracasar, ha provocado que Bélgica vuelva a estar en un
callejón sin salida.
Hasta que el reino centroeuropeo rebasó el récord del viejo continente de un estado sin equipo de gobierno el pasado 7 de enero (el anterior lo ostentaba Holanda con 208 días en 1977), la idea de batir la plusmarca mundial lograda por
Iraq (289 días en 2010) se veía como poco más o menos que una quimera. Ahora nadie apuesta por lo contrario. De hecho, el pasado 17 de febrero se pulverizó para algunos esa marca, puesto que el gobierno de Bagdad tardó 249 jornadas en acordar la gestación de un nuevo gabinete. En cualquier caso, de no formarse un gobierno oficial antes del 30 de marzo, Bélgica pasará a ser el país que más tiempo ha estado sin Ejecutivo del mundo.
El papel del reySi alguien vive con especial desazón lo que está pasando en el país es
Alberto II. El monarca ya no sabe qué hacer para alcanzar una salida a este maremágnum político. El rey, "una de las pocas figuras de unión que aún les queda a los belgas junto con la selección nacional de fútbol, la cerveza y el Ejército", según apunta Molina, ha constituido, con la última encabezada por el democristiano Wouter Beke, hasta siete comisiones de mediación para intentar lograr un acuerdo. Han fracasado las seis anteriores.
Si bien es verdad que Alberto II sigue mandando periódicos mensajes de conciliación, muchos son los expertos que creen que el monarca está cerca de perder la paciencia y, muy a su pesar, de verse forzado a convocar unas
elecciones extraordinarias en próximas fechas "que apenas cambiarán el panorama", señala el profesor Molina. La medida vendría a dañar aún más una débil economía que ya se ha tambaleado en varias ocasiones por la presión de los mercados y su mayúscula deuda pública.
¿Cómo se gobierna un país ingobernable?Desde que se convocaron elecciones, un gobierno provisional se ha puesto al frente del país bajo la batuta del
ex primer ministro Yves Leterme. Por ahora, el gabinete de transición se hace cargo de las cuestiones rutinarias mientras que las de orden mayor se consultan con la Casa Real y los principales líderes políticos. Aún con todo, el país necesita acometer reformas de manera urgente en materias tan diversas como fiscalidad, políticas sociales, economía o empleo, y eso no sucederá hasta que haya consenso a la hora de formar gobierno.
De Weber, "un radical independentista" en palabras de Molina, ha reiterado en varias ocasiones que está dispuesto a ceder el sillón de primer ministro a un francófono, terminando así con tres décadas de liderazgo flamenco, si con eso logra dar salida a las reformas que él considera necesarias y que van encaminadas a una
progresiva descentralización. "El Estado debe ser reformado y las cuentas saneadas, nadie tiene interés en bloquear este país y, para que eso no ocurra, hace falta construir puentes", afirmó recientemente el líder del NV-A poco antes de señalar que "si Bélgica desaparece algún día será después de una evolución".
Por su parte, el profesor Molina sí cree que la posibilidad de la ruptura del país en dos sea real. "Es una opción, y muy lamentable si tenemos en cuenta que Bélgica representa al corazón de Europa, un estado que acoge un gran número de instituciones comunitarias". El investigador del Real Instituto Elcano opina que, en caso de materializarse la división,
"sería un duro golpe a la construcción y al espíritu de la Unión Europea".
Con o sin nuevo gabinete, la escisión es uno de los panoramas que se presentan en el futuro inmediato de
Belgistán, apelativo que empieza a extenderse entre los propios belgas a la hora de referirse a su tierra. Un país y dos naciones.