Álvaro Ballesteros | Martes 01 de febrero de 2011
En noviembre del año pasado les comentaba en mi columna “Argumentos para abandonar a los saharauis a su suerte”, publicada en El Imparcial, que “nuestros líderes se siguen empeñando en ocultar que es precisamente la situación actual del Marruecos feudal la que constituye el mayor balón de oxigeno para Al-Qaeda en la región. Es ahí donde hay que centrarse para desarticular gran parte de la inestabilidad regional y la amenaza a nuestra integridad territorial. Es ahí donde hay que centrarse para desarrollar medidas de reforma económica y política que aporten a los marroquíes perspectivas creíbles de desarrollo y democracia, alejándolos del abrazo de un islamismo radical que se beneficia sobremanera del mantenimiento de un régimen absolutista Alauí, con el que la élite del PSOE lleva décadas haciendo negocios”.
Ahora, que los de Ferraz se sirvan otro vinito y que miren el mapa de la cuenca sur del Mediterráneo. Menudo cirio, damas y caballeros. Se le tiene que haber atragantado el Martini a un montón de gente en las alturas, viendo la que se está liando en todo el mundo árabe, con tanto régimen intocable yéndose por el retrete ante la marea imparable de jóvenes que ya no aguantan ni un día más una situación que era insostenible desde hace ya muchos años.
Los de Al-Qaeda con la boca abierta, frotándose las manos ante semejante festín de nuevos adeptos. Los listos de Occidente (de Washington a Londres, pasando por capitales de lumbreras como París, Roma o Madrid) todos con los pelos como escarpias. Pensando eso de lo de “Menudo soponcio, Felipe. Todo lo que habíamos invertido en nuestros amiguetes intocables: de Rabat a El Cairo, de Túnez a Aman, de Trípoli a Damasco, todo lo vamos a perder”. Y en Madrid, los listos del orden zapateríl, abanderados de no toserle a Mohamed VI por lo del Sáhara Occidental, no fuese que se le subiesen a las barbas los reformistas y Al-Qaeda se acabase llevando el gato al agua, haciéndose ahora los suecos, como llevan haciéndoselo en Ferraz y en la Moncloa desde hace ya unas décadas. Los amiguetes de Felipe González y de Miguel Ángel Moratinos, todos los sátrapas de la cuenca sur mediterránea, ahora con el agua al cuello. Menudo malrato para Manolo Cháves y sus colegas inversores en Marruecos, todos rezando devotísimos para que la revuelta árabe no llegue a Rabat y no ponga en jaque mate a la dinastía que ellos, tan socialistas, llevan décadas sosteniendo para enriquecerse con sus negocios privados.
Al amigo Ben Ali se le atragantó la aceitunita del maldito cocktail hace ya unos cuantos días, cuando en mitad de todo el pifostio que se lió en Túnez, a su señora no le dio apenas tiempo más que de coger el bolso, la tonelada y media de lingotes de oro, y unas bragas limpias para salir pitando a ese acogedor retiro de tiranos coloniales que ha sido siempre la France. Claro, que ahora las cosas ya no son como antes, y ya ni el listo de Sarkozy las tiene todas consigo. Hizo bien el nuevo Bonaparte en entender que se la jugaba si cumplía su promesa de dar cobijo a un Ben Ali en plena huida. No le faltaba a Sarkozy otra cosa que dar una nueva razón a sus fans de los banlieues para que le montaran la tercera intifada en París. Mucho “marchons les bataillons” y mucha pose de tipo duro, pero a la hora de la verdad: “dile a Ben Ali que desvíe su avión a Arabia Saudí. El oro no nos molesta, se lo guardamos aquí hasta la próxima, pero que no ponga el pie en el Charles De Gaulle que nos cagamos la pata abajo con la tralla que nos va a meter la prensa nacional. La de fuera nos la sopla.”
“Roger that (respondió el piloto de la aeronave cargadita de trapitos, joyas y pinturas de la familia Ali), Alfa Lima India corrigiendo coordenadas. Nuevo destino: aeropuerto Rey Khalid en Riad. Alfa Lima India out”.
Y es que no me vean el malrato. Y los de la sede de la Unión por el Mediterráneo, en pleno Palacio de Pedralbes, en Barcelona, con cara de despistaos. Y tanto. No, si va a ser que tuvo razón el diplomático jordano Ahmad Jalaf Masadeh cuando dimitió hace unos días como Secretario General de una Unión por el Mediterráneo tan absurda en su concepción como en su denominación. Una estructura tan inútil como la Alianza de Civilizaciones, y tan irreal como el compromiso de José Luís Rodríguez Zapatero con el desarrollo y la democracia en el mundo. Hasta el denostado Berlusconi fue más listo que nuestro iluminado de León, para ver que todo lo de la estrambótica Unión por el Mediterráneo (recibida con verdadero malestar en el seno de la UE desde que Sarkozy se empeñó en montarla para mayor gloria y disfrute exclusivo de la France) era una construcción inconstruible, que no pretendía unir a nadie, y que solo buscaba supeditar la acción europea en el mundo árabe a los intereses del Eliseo. Y a ver quién es el listo que le da una clase de geopolítica y estrategia/historia de este nivel a Zapatero: como para explicarle que los intereses de Francia en el Magreb son casi siempre opuestos a los españoles. Y más aun, que París ha contado durante los últimos siete años con un agente propio al frente de Exteriores en Madrid. Oui, oui. Moratinos c’est tres cher a Paris (et a Rabat), mon ami.
Una pena que Zapatero sea alérgico a la lectura y a los libros en general, porque si no alguien podía haberle recomendado en todo este tiempo que le echase mano a un clásico esencial para entender las relaciones Madrid-Rabat. Tal vez si nuestro Premier se hubiese leído “El colonialismo español en Marruecos”, de Miguel Martín (Ruedo Ibérico, 1973), se habría enterado de que su política es la misma que tan miopemente aplicó la Segunda Republica en los años 30 del pasado siglo: llenarse la boca hablando de democracia y derechos en la península, y abogar por mantener Marruecos sin ambos, sometido a unos poderes feudales que garantizan una paz y un equilibrio tan falsos como contraproducentes a largo plazo, con las consecuencias negativas para nuestro país que la situación actual implica. Y no se me lancen a la yugular, que ya sé que este libro y su autor tienen muchas cosas criticables y maniqueas, pero vale la pena leerlo, y tal vez (por haber sido escrito por un intelectual comunista) a Zapatero le hubiese abierto los ojos sobre algunas contradicciones patrias.
Y volviendo al norte de África, hasta Hosni Mubarak, icono histórico del apoyo occidental a los regímenes corruptos de la región, se halla en la cuerda floja, acosado por una marea de protestas en Egipto que ya no teme saltarse el toque de queda ni las amenazas de fuerza del régimen. Egipto descompuesto, los islamistas radicales huyendo de las cárceles, los Hermanos Musulmanes y Hamás transportando todo lo transportable a través de la frontera con Gaza. La monarquía Hachemita en Jordania empieza a ponerse nerviosa; el Líbano está a punto de implosionar con Hezbollah saboreando el triunfo; y Siria parece no estar tampoco plenamente a salvo de este tsunami. Al Qaeda dando palmas, y mientras nosotros (Zapatero, como siempre invisible cuando toca) empezamos a sudar, Israel y EE.UU. se preparan para lo peor.
Y digan lo que digan, damas y caballeros, esperar que todo esto dará lugar a la aparición de regímenes democráticos en el mundo árabe, como si lo que está pasando fuese una especie de revolución de terciopelo o una caída del muro de Berlín a lo árabe, es de una gran ingenuidad. Los grandes ganadores de la actual situación están en Teherán: el régimen de Ahmadineyad y sus satélites son los que no pueden creerse aun su situación de absoluta supremacía regional en la actual coyuntura, campeones indiscutibles en una región que se va amoldando cada vez más a sus intereses, con cada peón occidental que cae en esta impredecible rebelión árabe de principios de 2011. George W. Bush y su invasión de Irak en 2003 se han convertido en los mejores aliados que los herederos del Ayatollah Homeini pudieran haber soñado jamás. Y la democracia de corte occidental, en una región de sociedades en absoluto preparadas para ella, se convierte en el mecanismo perfecto para aupar al poder a nuevos regímenes étnicos de fuerza y populistas que dan miedo.
Ya lo recordó muy bien en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa recientemente un diputado socialista español, cuando les recordó a sus señorías culiparlantes que “la democracia no es el sistema en el que se impone la mayoría, si no aquel en el que se respeta a las minorías”. Algo que, a día de hoy, en el orbe árabe es aun una utopía tan lejana como la perspectiva de paz y estabilidad en la región. Y que el toro nos pille confesados cuando se líe la marimorena y caiga el régimen absolutista en Marruecos, ese que los políticos españoles de todo signo han intentado apuntalar desde hace tiempo, pues la falta absoluta de proyecto común europeo y occidental para toda la cuenca sur del Mediterráneo hace que los eventos de estos días no presagien nada bueno a largo plazo, por beneficioso que pueda ser el acabar con regímenes tan profundamente corruptos como los que Occidente ha estado apoyando tan descaradamente desde hace décadas en la región.
El lúcido Alejandro Muñoz-Alonso escribía recientemente en esta casa, en su articulo “Barbas árabes”, un párrafo que creo necesario repetir aquí por su clarividencia y relevancia, a la hora de mostrar las debilidades de un Occidente cortoplacista y miope, que vuelve a quedarse con el culo al aire ante todo lo que está pasando: “Que el yihadismo o fundamentalismo islámico es un peligro real contra Occidente, nuestros valores (si es que seguimos teniendo valores) y nuestro modo de vida es un hecho incontestable. Pero en esa lucha no vale todo y, desde luego, no vale apoyar regímenes que oprimen a su propia población, con el pretexto de la estabilidad. Sin embargo, con los dictadores árabes se ha practicado lo que, en 1949, decía Dean Acheson, secretario de Estado norteamericano cuando se le reprochaba el apoyo a Tito, que acababa de romper con la Unión Soviética: ‘El dictador yugoslavo puede ser un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta’. Amparar a ‘nuestros hijos de puta’ no es moralmente aceptable, aunque sea muy cómodo. Además, siempre se acaba con las vergüenzas al aíre, como le ha pasado a la ministra francesa de Asuntos Exteriores, Michèle Alliot-Marie, que todavía el martes pasado, ante la Asamblea Nacional, incapaz de prever la caída de Ben Ali, ofrecía ‘la cooperación policial francesa’ a la que atribuía capacidad suficiente ‘para solucionar situaciones de seguridad de este tipo’.”
Y mientras todo esto sucedía, nuestra infausta Ministra de Exteriores volvía a salir posando en otra sesión fotográfica riendo a mandíbula batiente en Washington DC junto a su homóloga estadounidense. La “Trini de España” (mucho menos inteligente y experimentada que Hillary) riéndose como siempre porque sí, aunque nadie sepa qué razones tiene esta señora para la risa pública eterna. La estadounidense, estratega de salón y defensora acérrima de la realpolitik, sonriente por fuera, preocupada por dentro, mirando de reojo el mapa del Magreb y el del nuevo Oriente Medio propuesto por Ralph Peters en 2006. Tal vez haciendo ya sus propios cálculos de negocio e inversión. Como siempre, las oleadas directas de inestabilidad, conflicto e inmigracion masiva desordenada se quedarán en el Mare Nostrum, bien lejos del Atlántico Norte.
“Y yo con estos pelos”, se decía Muammar el Gadafi hace unas horas mientras miraba el telediario de la CNN y colgaba el teléfono, después de alquilar un hangar para su jet privado en el aeropuerto Rey Khalid de Riad.
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