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El mundo árabe, en pie de guerra en busca de libertad y democracia

revueltas en el magreb y oriente medio

Miércoles 02 de febrero de 2011
El Magreb y Oriente Medio están viviendo unos acontecimientos históricos que podrían cambiar de manera irremediable el mapa geopolítico de la región. Primero fueron los tunecinos los que salieron a la calle para terminar con los 23 años de autoritarismo de Zine El Abidine Ben Ali. Después, las multitudinarias protestas registradas en Egipto pretenden presionar al presidente, Hosni Mubarak, para que abandone el poder. Pero la cosa podría no quedarse ahí. Marruecos, Argelia, Jordania o Yemen ven cómo la crispación social aumenta por momentos y sus ciudadanos reclaman con más insistencia libertad, democracia y derechos humanos.

Túnez
Pocos podían vaticinar el efecto tan devastador que tendría la inmolación del hasta entonces desconocido Mohamed Bouazizi. Sumido en la frustración del paro y los agobios económicos, Bouazizi decidió quemarse a lo bonzo el pasado 17 de diciembre comenzando así una espiral de revueltas que derrocaron al régimen de Zine El Abidine Ben Ali. Los disturbios, que acabaron con 23 años de gobierno de Ben Ali, se iniciaron en ciudades menores como Beja, Gafsa, Kaserín y Telab y, poco a poco, se fueron trasladando a la capital.

Tras días de intensas revueltas entre los manifestantes y las fuerzas de seguridad, Ben Ali decidió dejar el poder y exiliarse en Arabia Saudí el pasado 14 de enero tras perder el apoyo del Ejército. Una vez derrocado el antiguo régimen, las protestas no han cesado debido a la intención del primer ministro interino, Mohamed Ghanuchi, de incluir en el gobierno de unidad nacional a varios mandatarios afines a Ben Ali. Poco a poco, la seguridad ha ido retornando a las calles tunecinas a la expectativa de una posible convocatoria de elecciones, los primeros comicios libres en más de dos décadas.



Egipto
Siguiendo el ejemplo de sus "hermanos" tunecinos, la población egipcia pronto tomó como suyas las proclamas democráticas y en favor de la libertad. Los primeros altercados de consideración en suelo faraónico tuvieron lugar el pasado 25 de enero, cuando cuatro personas murieron durante los enfrentamientos entre manifestantes y la Policía egipcia. La espiral de violencia de los días siguientes hizo aumentar el número de muertos hasta el medio centenar y obligó a las autoridades a decretar un toque de queda que la población no dudó en violar noche tras noche.

El 29 de enero, Hosni Mubarak, presidente del país, presionado por las masas, decidió reformar el gobierno y nombrar al general Omar Suleimán vicepresidente y al general Ahmed Mohamed Shafik, primer ministro. Estos cambios no contentaron a los manifestantes, que empezaron a concentrarse durante días en la Plaza de la Libertad (Tahrir) de El Cairo, verdadero bastión de las reivindicaciones opositoras.

A diferencia de Túnez, el Ejército egipcio es el verdadero baluarte del régimen. De este modo, una vez que los militares se pusieron de parte de los ciudadanos al considerar sus reivindicaciones como "legítimas" el pasado día 31, a Mubarak sólo le quedó la opción de ceder ante las demandas populares. El pasado día 1, tras haber perdido también el apoyo de Estados Unidos, tradicional aliado del Rais, Mubarak reconoció que no se presentará a la reelección en los comicios de septiembre, instó a reformar de nuevo el gobierno y la constitución y llamó a los diferentes grupos políticos al diálogo. Eso sí, rechazó dimitir tal y como exigía la oposición.

Desde entonces, los enfrentamientos entre detractores y defensores de Hosni Mubarak se han enfrentado en las calles de El Cairo y Alejandría con un saldo de cinco muertos y casi 2.000 heridos. Además, la prensa se convirtió este pasado jueves en objetivo de los seguidores del Rais y varios periodistas fueron agredidos y algunos de ellos detenidos.



Líbano
El reciente nombramiento de Nayib Mikati, multimillonario libanés, como nuevo primer ministro ha levantado ciertos recelos en Israel. El pasado 12 de enero, la oposición libanesa logró la caída del gobierno de unidad nacional de Saad Hariri con la retirada de sus ministros del Ejecutivo en una crisis relacionada con el caso del asesinato del ex jefe de gabinete Rafic Hariri en 2005. Esta remodelación podría traer consecuencias en uno de los países más inestables y pobres de la región.

Hasta el jueves, las manifestaciones se habían limitado a apoyar a los tunecinos y a los egipcios mientras las autoridades locales lograban controlar las reivindicaciones locales. Pero, el pasado día 3, cientos de libaneses intentaron asaltar la embajada de Egipto en Beirut.

Si bien es cierto que la situación es tranquila en las calles de Beirut, la tradicional inestabilidad política y social que ha acompañado a Líbano en los últimos años podría hacer que las tornas cambiaran rápidamente.



Argelia
El país norteafricano es uno de los grandes candidatos para seguir la estela de Túnez y Egipto. Este mismo jueves, y con las declaraciones de Hosni Mubarak como telón de fondo, el régimen de Abdelaziz Bouteflika descartó levantar el estado de emergencia que impera en el país desde hace 19 años, aunque el mismo jueves se desdijo y prometió hacerlo "pronto".

Los primeros altercados en Argelia se registraron a comienzos del mes de enero cuando miles de manifestantes protestaron por la subida del precio de los alimentos. Tras varios días de violentas refriegas, las autoridades locales aplacaron las revueltas que dejaron un saldo oficial de media docena de muertos y más de 400 heridos. Desde entonces, decenas de reivindicaciones populares han tenido lugar por todo el país, sobretodo en ciudades del centro y del sur, provocando que el régimen haya extremado las medidas de seguridad y la represión informativa y por Internet.

Diversos colectivos sociales y políticos han convocado varios actos de protestas en los próximos días para pedir más libertades civiles y mejoras políticas y económicas.

Marruecos
Uno de los países en los que la comunidad internacional ha puesto más esperanzas para que se democratice es Marruecos. Aunque las voces disidentes no se han hecho escuchar con la misma fuerza que en otros lugares del Magreb, tímidos gestos se empiezan a despuntar por todo el reino.

El pasado lunes, un centenar de personas se congregaron en la capital, Rabat, para mostrar su apoyo a las revueltas en Egipto. Más dramáticas fueron las protestas del pasado miércoles, en las que cuarenta profesores decidieron prenderse fuego para reclamar mejoras políticas, económicas y laborales. Si bien es verdad que sólo dos de los manifestantes lograron su dramático objetivo de inmolarse, las reivindicaciones en pos de la democracia empiezan a multiplicarse por todo el territorio marroquí. Más concentraciones populares han sido convocadas en los próximos días para pedir libertad y mejoras políticas.

Las autoridades del reino alahuita están intentando calmar los ánimos reivindicativos, pero las redes sociales pugnan en su contra. Miles de jóvenes han confirmado su asistencia a la concentración organizada para el próximo 20 de febrero que tiene por objetivo reclamar mayores libertades y democracia para Marruecos.

Yemen
El tercer país en el que más calado han tenido las revueltas ha sido Yemen. Bajo un régimen semidictatorial encabezado por Alí Abdalá Saleh desde hace dos décadas, los yemeníes viven inmersos en una profunda crisis económica y de identidad tras años de disputas entre las minorías étnicas del norte y del sur. Al borde de una guerra civil y con la presencia de insurgentes islamistas cada vez más patente, Yemen se ha convertido en uno de los países más peligrosos del planeta.

Tras ver cómo las revueltas tenían resultados en Túnez y Egipto, la capital Saná registró multitudinarias protestas que reclamaban cambios políticos inmediatos. La presión popular logró la renuncia el pasado jueves del presidente Saleh a introducir enmiendas en la constitución que le permitiesen perpetuarse en el poder más allá de 2013.

Además, el actual presidente yemení aceptó no ceder el poder a su hijo una vez termine su mandato. El pasado jueves, 20.000 ciudadanos salieron a la calle para protestar contra el régimen, pedir mejoras económicas y la dimisión inmediata de Saléh.



Arabia Saudí
El mayor productor de petróleo del mundo ajeno a las revueltas que están teniendo lugar en el Magreb y en Oriente Medio. Por lo pronto, el régimen saudí ha acogido al exiliado Ben Ali y a algunos miembros de su familia y ha mostrado su apoyo público al gobierno de Hosni Mubarak.

El fuerte control policial que rige el país ha logrado capear por ahora cualquier conato de revuelta. Debido a un férreo control del país, la monarquía saudí que lidera Abdalá bin Abdelaziz no corre peligro a pesar de las grandes diferencias sociales existentes en el reino y el alto grado de corrupción institucional.

Siria
A pesar de que aún son tímidas y minoritarias, las muestras de desaprobación popular del régimen del presidente Bashar al-Assad empiezan a hacerse notar. A finales de enero, la Policía siria tuvo que abortar una sentada estudiantil en contra del régimen y de apoyo a las revueltas en Túnez. Varios grupos han convocado protestas para los próximos días para solidarizarse con lo que está pasando en Egipto.

Tras heredar el poder en 2000 de su padre Hafez, al-Assad ha perpetuado el legado familiar instaurando un régimen presidencialista en que pocas son las voces disidentes mientras que los partidos políticos son inexistentes debido al sistema unipartidista que impera en el país.

Libia
Pocas noticias se tienen sobre revueltas populares en Libia. El férreo control militar y policial que ejerce el régimen de Muahmar al-Gaddafi hace casi imposible que la oposición reproduzca las manifestaciones de los países vecinos. De todos modos, y con el objetivo de curarse en salud, el gobierno libio ha decidido rebajar o, directamente, suprimir algunos impuestos sobre materias primas debido al alza del precio de los alimentos.

Jordania
Dos días después de que Túnez lograra derrocar a Ben Ali, las protestas se extendieron también a Jordania. A pesar de ser uno de los países más estables de Oriente Próximo, la monarquía hachemí vio cómo cientos de ciudadanos se echaban a la calle en la capital, Ammán, el pasado 16 de enero para reclamar mejoras en sus condiciones de vida y reformas políticas y económicas "reales".

Tras haber aprendido la lección tunecina, el rey Abdalá II decidió reformar el gabinete para atajar lo antes posibles las reivindicaciones populares. Así, el primer ministro, Samir Rifai, y su ejecutivo al completo presentaron la dimisión al monarca tras las multitudinarias manifestaciones por todo el país en contra del equipo de gobierno. Con el objetivo de apaciguar los ánimos, el rey designó como nuevo jefe del Gobierno al ex primer ministro Maaruf Bajit el pasado día 28.

La remodelación del Ejecutivo ha ido acompañada de una serie de medidas sociales que no parecen haber contentado a los opositores liberales y de izquierdas, que exigen más reformas. Además, la vieja demanda de convertir el país en una monarquía constitucional sigue en la recámara.

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