Opinión

Un Mubarak enrocado siembra el caos en Egipto

Viernes 04 de febrero de 2011
Desesperado por mantenerse en el poder a pesar de la obvia y contundente exigencia del pueblo egipcio para que abandone su puesto, Mubarak ha optado por tomar las medidas más sucias y rastreras. Ante la negativa del ejército a disolver unas protestas que considera legítimas, el dirigente egipcio no ha encontrado otra solución que lanzar –con la connivencia de la policía- a sus matones a las calles de El Cairo para sembrar el caos y la violencia. El resultado ha sido desolador. Los enfrentamientos entre los partidarios del presidente y los opositores al régimen se han saldado, hasta el momento, con más de una decena de muertos y un millar de heridos.

Pánico, caos y violencia indiscriminada: ésa ha sido la respuesta de Mubarak a las exigencias de Obama y la comunidad internacional de una transición democrática para Egipto. Para más inri, el régimen ha azuzado a sus matones contra la prensa internacional, en un desesperado intento de evitar que el mundo vea los desmanes de los partidarios del todavía presidente egipcio.

Omar Suleiman, hombre fuerte del Gobierno, ha advertido que si la situación de desorden se mantiene, no vacilará en aplicar “mano dura” contra los “alborotadores”. La comunidad internacional, especialmente Estados Unidos, que hasta ahora ha sido aliado de Mubarak, ha de presionarle para que acepte que su hora ha llegado. La intransigencia y cerrazón que está demostrando sólo van a servir para alargar una revuelta hasta convertirla en una guerra civil de imprevisibles consecuencias.

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