Lunes 07 de febrero de 2011
Merkel daba la voz de alarma hace bien poco y este pasado fin de semana hacía lo propio David Cameron en el Reino Unido: el multiculturalismo ha sido un monumental fracaso. El premier británico hacía así suyas las palabras de su homóloga alemana y, si bien ponía el acento en la situación de su país, la hacía extensible al resto del Continente. Pero iba más allá, alertando del “debilitamiento del conjunto de valores colectivos, tales como la libertad de expresión, la de credo, la democracia, el estado de derecho y la igualdad con independencia de raza, género o condición sexual”. Hacía igualmente suyo el principio de “asimilación no, integración sí”.
El caso de Inglaterra no es exclusivo, sino un claro paradigma de lo que se vive en el resto de Europa. Alarma pensar que uno de cada tres británicos musulmanes esté de acuerdo con un principio de la Sharia según el cual “la conversión de un musulmán está prohibida y se castiga con la muerte”. Se trata sólo de uno de los múltiples ejemplos que ilustran una situación tan real como preocupante. Ocurre que la dictadura de lo políticamente correcto impide en ocasiones abordar este tipo de cuestiones con la trascendencia que merecen, de ahí que haya que poner en valor las palabras de Cameron. “Si un blanco expresa en público puntos de vista racistas se le condena por ello, como es lógico, pero cuando dichos puntos de vista provienen de alguien que no es blanco, se tiende a buscarles una justificación”, abundaba el líder británico. Es un hecho que las tornas deben revertirse de manera urgente, ya que está en juego nada menos que la convivencia de todo un continente. La cual, dicho sea de paso, ha costado demasiado conseguir como para que ahora se devalúe en detrimento del temor que ocasiona el fundamentalismo islámico.
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