Cultura

Nacho Duato: "No tengo apego a las cosas, ni a la gente ni a los amigos"

Entrevista

Lunes 24 de marzo de 2008
¿Qué tal lleva los 51 recién cumplidos?
No me pesan los años pero, en una profesión como la mía, en la que estoy acostumbrado a gozar de una buena imagen, veo que mi elasticidad no es la misma. Después de un día de ensayos llego a casa derrotado, casi como un viejecito (risas). Es duro ver ese inevitable deterioro. Intelectualmente comprendo y asumo el cambio, pero físicamente me empieza a afectar. Mi cuerpo es mi stradivarius.

Dicen que las mujeres a partir de los 50 se vuelven invisibles. ¿Tiene usted esa sensación?
Ah no, no. En ese sentido, ahora es cuando más éxito tengo. Los años me han enseñado a no exigir tanto como antes a la otra persona así que tengo más donde elegir.

¿Pide menos porque es más generoso?
Me he vuelto menos egoísta y, además, me he convencido de que no tienes más por pedir más. Ahora estoy en una etapa en la que me encuentro muy tranquilo y sereno. Después de 18 años dirigiendo la Compañía Nacional de Danza, la gente ya sabe quién soy de verdad. Siento un respeto que antes no percibía y eso, trasladado al terreno personal, me da una paz que me hace estar más receptivo ante las relaciones afectivas.



¿Siente que han tardado en reconocer su trabajo?
Todavía hay mucha gente que no lo ha hecho, pero ya he aprendido a no tenerlo en cuenta. En el extranjero me respetan de una forma que nunca han hecho en mi propio país. Sé que lo normal es no ser profeta en tu tierra. No hay un solo día en el que no se baile o se represente uno de mis trabajos en alguna compañía del mundo. Aquí no le dan importancia a esas cosas y eso, a veces, duele mucho.

¿Su físico ha condicionado para que la gente se fije sólo en el exterior?
Sí, totalmente. Yo no me considero guapo. Los bailarines tenemos un punto narcisista que incomoda a la gente. Yo no tengo la culpa de tener algo que perturbe o mueva por dentro los resortes de hombres y mujeres. Yo nunca he sido consciente de eso, pero sé que a veces he suscitado esa sensación.

¿Y eso le ha provocado inseguridad?
Procuro que no sea así pero existen esos momentos. Sé que soy un coreógrafo muy atípico. Todavía sigo recibiendo críticas en el extranjero que me intimidan. En Alemania hace poco escribieron sobre mí que “nunca habían visto un animal más bello encima de un escenario”. Eso me halaga la vanidad, por supuesto, pero también sé que puede provocar el efecto contrario.


El Nacho del día a día, ¿también está lleno de dudas?
Yo soy mucho más tímido que el Nacho del escenario. Mi trabajo es algo más que el reflejo de lo que soy. Hay veces que veo cosas mías que la gente admira y me parece increíble que las haya hecho yo porque son la antítesis a mi personalidad. Yo hago coreografías porque quiero expresarle a la gente mi modo de ver la vida, de cómo es el ser humano y cómo vivo el amor. Como mejor me expreso es con el movimiento, por eso soy coreógrafo.

¿Se imagina sin poder expresar esa creatividad?
No me imagino sin poder explotarla. Si no pudise hacerlo a través de la danza, me dedicaría a escribir o a pintar. Desde el colegio me dí cuenta de que no era un niño normal, el arte estaba fuera de mi control, hasta para ir al baño sentía el ballet (risas).

¿Queda algo de aquél niño?
Queda la inquietud desmesurada. Desde que vivo en Madrid, he cambiado once veces de casa. En la que estamos ahora seguramente no será la definitiva. Yo no tengo apego ninguno por las cosas.Sé que es muy raro y lo he llegado a consultar con mi psicólogo, pero es así. No tengo apego ni a las cosas, ni a la gente ni a los amigos. He cambiado tanto de país, he conocido a tanta gente con la que he compartido apartamento y vivencias que cuando tienes que cambiar de vida, pasan al olvido porque no vuelves a saber nada de ellos. Creo que ser tan despegado es un mecanismo de defensa emocional. Tengo mis amigos de toda la vida como Miguel Bosé, pero poco más... Estoy acostumbrado a estar solo.

¿Esa actitud le hace sufrir menos por amor?
Eso es distinto. ¡De sufrir por amor no se salva nadie!. Yo he llegado a sufrir por amor por una persona que ni sabía que me había fijado en ella. He estado enamorado de alguien con quien apenas me he atrevido a hablar. Soy complicado para la convivencia. Tu imagínate que ahora venga uno y me cambie la maceta de sitio (risas). Estoy seguro de que ya no me volveré a enamorar. Creo que seré un solterón (risas).





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