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París y Berlín se disputan la supremacía europea

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Jueves 10 de febrero de 2011
Pescar en río revuelto. Eso es lo que han debido pensar las autoridades francesas y alemanas ante el inestable panorama que presenta la actualidad comunitaria. Los dos pesos pesados de la Unión Europea, con permiso de Gran Bretaña, están en medio de una guerra fratricida por extender sus influencias entre los 27 y, de este modo, dictar el ritmo y el compás del futuro europeo.

La Unión Europea (UE) no pasa por sus mejores momentos. A la crisis financiera que ha provocado que dos de sus socios, Grecia e Irlanda, deban acudir al fondo de rescate comunitario para salvar sus cuentas se le añade una crisis institucional e ideológica que pone en entredicho la cohesión y la fortaleza de la Unión.

El Tratado de Lisboa, que prometía ser la piedra angular sobre la que se cimentaría la UE del siglo XXI, ha quedado obsoleto. Los recelos se han apoderado de los 27 y la gran mayoría de los analistas no se atreve a decir qué futuro le espera a la Unión Europea. En lo que sí se ponen de acuerdo los expertos es en que pasa por el eje París-Berlín.

Sabedores de que la UE atraviesa unos tiempos tan cruciales como delicados, tanto Angela Merkel, canciller alemana, como Nicolas Sarkozy, presidente francés, han decidido dar un paso al frente e intentar abanderar la recuperación europea. Esta nueva estrategia basada en intentar pescar en río revuelto tiene un doble objetivo.

Por un lado, el bien de la UE es el bien de sus socios y viceversa. Así, tanto Alemania como Francia se valen de una eurozona fuerte y estable para catapultarse en el escenario internacional. Si Bruselas estornuda, París y Berlín se resfrían. Por tanto, tanto Merkel como Sarkozy han tomado posiciones para sacar a la Unión del atolladero en el que está sumida desde hace unos meses no sólo por el bien general de los 27 (tal y como se hace ver de forma recurrente desde sus gabinetes), sino también por el suyo propio.

La otra razón que se esconde detrás de los últimos movimientos francoalemanes apunta al futuro liderazgo de la UE. Encabezar la política interior y exterior de los 27 es un antiguo anhelo de ambos países. Dictar el ritmo y la dirección a tomar por la eurozona supone influir de manera decisiva en cualquier decisión conjunta y, de este modo, favorecer los intereses nacionales.



Del Pacto de Estabilidad al BCE pasando por Egipto
Este juego de intereses, que se desarrolla sobretodo de puertas para adentro, se ha incrementado en las últimas semanas y en diferentes frentes. En primer lugar, la crisis en el Magreb y en Oriente Medio ha puesto sobre la mesa la ausencia de una voz conjunta en materia de política exterior. Si bien es cierto que Bruselas emitió un comunicado en nombre de los 27 en el que se apelaba a la libertad, a la democracia y al respeto a los derechos humanos en los países afectados por las revueltas populares, la realidad es que dentro de la UE hay posturas bien diferenciadas.

Por un lado, David Cameron, primer ministro británico, se salió de la línea 'oficialista' de Bruselas al hacer público un más que airado llamamiento en contra de los regímenes de Hosni Mubarak y Zide el-Abidine Ben Ali. Por otro, Angela Merkel hizo suyo el comunicado comunitario y expresó de manera más comedida las veladas demandas democráticas de los 27. Y, en tercer lugar, Nicolas Sarkozy, cuyo país es el que más intereses estratégicos tiene en juego en la región, ha decidido renegar de su pasado colaboracionista con los gobiernos amenazados.

Además, poco después de que estallaran las protestas en el norte de África, la actualidad de la Unión Europea pasó por el comienzo de un diálogo para comenzar unas negociaciones en torno a un nuevo Pacto de Estabilidad. Con las arcas comunitarias muy maltrechas por los rigores de la crisis, la reunión del pasado 4 de febrero se presentaba como crucial. No obstante, la canciller Merkel viajó el día antes a Madrid para reunirse con José Luis Rodríguez Zapatero y, entre otros asuntos, asegurarse el apoyo español a su propuesta.

No pasó inadvertido el considerable retraso que sufrió el horario oficial tras unas negociaciones muy duras. Finalmente, entente cordiale. Merkel, en buena medida por la resistencia de los países allegados a París, no logró el consenso necesario que buscaba, pero al menos consiguió que el resto de socios europeos aceptara reunirse el próximo mes de marzo para debatir nuevas reformas al texto.

El tercer escenario que evidencia la lucha de poderes en el seno de la Unión es el de la disputa por ver quién sucede al francés Dominique Strauss-Kahn como cabeza del Banco Central Europeo. La decisión, de una relevancia suprema en materia económica europea, parecía clara con la candidatura de Axel Weber, actual presidente del Bundesbank, a pesar del frontal rechazo de París a esta opción. Cuando todo parecía atado, Weber declinó ponerse al frente de la maquinaria financiera comunitaria para, según se rumorea, aceptar presidir el Deustche Bank, uno de los bancos más importantes del mundo.

Una vez confirmada la renuncia de Weber, la terna para suceder a Strauss-Kahn se ha vuelto a abrir. Si bien es improbable que el BCE vuelva a ser comandado por un francés, Sarkozy ha empezado a moverse para encontrar un candidato posible afín a sus planes. Por su parte, la canciller Merkel, muy molesta por la decisión de Weber, ha visto cómo su gran opción se desvanecía y busca a toda prisa una alternativa con opciones.



Las tres vías
Los pasados años se han caracterizado por una relación fluida y constructiva entre Alemania y Francia dentro de la UE. Pero los últimos acontecimientos y la inestabilidad política y económica que preside Bruselas ha llevado a ambos países a intentar imponerse al otro. De este modo, el futuro comunitario pasa por tres escenarios.

Gran parte de los analistas cree que será Berlín el que se impondrá en esta lucha por el control de la Unión. De ser así, Berlín impondría una política de austeridad económica, partiendo de un Pacto de Estabilidad mucho más estricto, una política exterior muy ligada a Washington y una estrategia progresivamente descentralizada con respecto a Bruselas.

El segundo escenario es el que apunta a la alternativa francesa. Si París logra hacerse con el protagonismo europeo, Bruselas volvería a cobrar peso tanto de cara al exterior como entre los 27 y se prevé que se revise la política de rescate financiero para evitar el contagio económico a países como Portugal, España o Italia.

La tercera vía pasa por un pacto de no agresión entre París y Berlín. De ser así, tanto alemanes como franceses implementarían una política colaboracionista entre ambos países dejando de lado al resto de socios que, como ha pasado en los últimos años, aceptarían los designios francoalemanes.

La precaria situación de las arcas italianas y españolas coartan en gran medida sus ansias de protagonismo comunitario. Tanto Berlusconi como Zapatero han visto cómo sus voces se apagaban en Bruselas a medida que crecían los rumores de rescate financiero. Italianos y españoles no logran hacerse un hueco en la toma de decisiones comunitarias y se pliegan a las designios que toman Merkel y Sarkozy, verdaderos 'popes' de la actual Unión Europea.

Reino Unido, el tercer pilar sobre el que se asienta la UE, ha vivido un progresivo alejamiento de Bruselas desde que David Cameron se mudó al número 10 de Downing Street el pasado mes de mayo. Los británicos asisten a medio camino entre la desidia y el desinterés a esta pugna francoalemana y no será hasta que todo se clarifique cuando tomen partido. Por su parte, el resto de estados de la Unión, ya sea por su escaso peso político o por su declarada lealtad a Francia o a Alemania, va a rebufo de las dos grandes locomotoras europeas y se ha visto apartado de la disputa.

De este modo, los próximos meses se presentan cruciales para el futuro de la Unión. No sólo está en juego la salud financiera y fiscal de sus socios, sino que la estabilidad sociopolítica pasa por que se aclare el color de su política. Dos escuelas, la francesa y la alemana, durante años hermanadas luchan, por el cetro comunitario. Hagan juego.

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