Opinión

México: Calderón, Aristegui y las interpretaciones editoriales

Viernes 11 de febrero de 2011
La periodista mexicana Carmen Arístegui, cuyo rostro es familiar en toda Latinoamérica gracias a al programa de entrevistas que lleva su nombre y que transmite por la popular cadena de noticias CNN en Español, se ha convertido esta semana en el ojo del huracán. Aristegui, que también conduce un programa de opinión en MVS Radio en México, pidió el viernes pasado en este espacio radiofónico que el presidente Felipe Calderón aclarase si eran ciertos o no los rumores de que era alcohólico, con ocasión de la colocación de una manta en el Congreso en la que el Partido del Trabajo lo tildaba de borracho.

Al parecer, al Ejecutivo no le sentó muy bien el comentario de la periodista y menos en una semana en donde los sondeos reflejan un descenso en los índices de popularidad del mandatario. Así que tras apagar los micrófonos ese día, Aristegui recibió una carta de despido por supuesta violación del código de ética de la empresa. Como era de esperar, la profesional no sólo abogó por su defensa, sino por la libertad de prensa en México, al sostener que el planteamiento se originó en un programa de opinión que busca llevar a cabo análisis críticos sobre la situación del país.

Asimismo, aseguró que los medios de comunicación mexicanos trabajan sometidos al poder político, al referirse a las concesiones que están actualmente negociando MVS y el Gobierno, por lo que adujo que el fondo real del cese de su contrato responde más al si “te portas bien, te renuevo la concesión”, que a la supuesta debilidad del presidente por las bebidas alcohólicas.

Una acusación delicada que viniendo de una periodista con el perfil y la trayectoria de Aristegui no debe ser tomada como una banalidad, sino como un nuevo ejemplo del pulso que esta tomando el periodismo latinoamericano, en donde los medios de comunicación se decantan por la autocensura para garantizar sus intereses e incluso su supervivencia.

¿Es que acaso no hay reparo para publicar en primera plana una foto de cabezas decapitadas pero sí para referirse al Presidente en un programa de opinión? De dicho planteamiento y de doble moral va el fondo de este debate que surgió de un comentario que el Palacio Nacional pudo haber pasado de largo o zanjado con un simple y escueto comunicado de presa.



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