José Manuel Cuenca Toribio | Viernes 11 de febrero de 2011
Es ya proverbial la desatención de los sectores conservadores y católicos españoles –no siempre idénticos o sinónimos en el tramo más reciente de nuestro pasado- hacia sus figuras intelectuales y científicas. Imantados por personalidades y prohombres de otros ámbitos, afanosos de objetivos distantes del campo cultural, dichos medios prestan, hinc et nunc, un irrelevante interés por todo o casi todo lo concerniente al terreno indicado. Hasta ahora la historia ha emitido un juicio muy adverso a tal conducta –opuesta incluso a la realización de sus miras más acariciadas- y es probable que en el futuro continúe Clío en la misma línea.
Impenitente y ahincado en su desvarío, sin más título que su afición por las letras y las artes, ni más otro blasón o patente ideológica y política que su independencia crítica y preocupación por el destino inmediato de las generaciones juveniles, el cronista ha insistido en la ceguera de tal actitud. Como acaso recordará alguno de sus ocasionales lectores, no ha mucho tiempo atrás traía a colación, a los efectos señalados, el lamentable episodio relativo al lancinante olvido en que inmediatamente después de su tránsito cayó la figura de nuestro primer romanista de la edad contemporánea: Álvaro D´Ors. A la espera –sin plazos- de una biografía “autorizada” por su círculo familiar más en relación con la disciplina jurídica, estamos privados del necesario estudio recapitulador de su vida y obra que tuvo que acometerse al día siguiente de su muerte, con la finalidad de que su ejemplo universitario vivificase un punto el yermo en que permanece a la fecha en España el humanismo científico de raíz trascendente. Continuamos a la escucha de novedades alentadoras en este punto.
Entretanto, la reciente desaparición de otro eximio catedrático y cultivador del Derecho –en este caso, en su rama y proyección historiográfica, de tan luminosa y fecunda trayectoria en España, según es harto sabido-, colega iruñés por más señas del Prof. Álvaro D´Ors y miembro también del mismo instituto religioso a que aquél perteneciera, D. José Orlandis Rovira, reverdece la actualidad del fenómeno que nos ocupa. La obra ciclópea llevada a cabo por este sacerdote mallorquín en el terreno de la historia antigua y medieval –particularmente, en la etapa visigoda- así como en el conocimiento de una amplia andadura del catolicismo hispano moderno y contemporáneo, junto también con una aportación ensayística de subido valor en punto a extremos esenciales nuestra convivencia actual, exige que una tarea de tales dimensiones e importancia se coloque, en sus ejes claves, a disposición del público culto. Al propio tiempo, debe ofrecerse como objeto de referencia magisterial para los jóvenes estudiosos de las muchas y no todas necesarias ni productivas universidades de la nación.
Fuera del ámbito estricto de su especialidad de historia del Derecho, la admirable labor desplegada a lo largo de más de medio siglo de trabajo incesable y acribioso por este descollante intelectual balear apenas si traspasó furtivamente alguna vez los muros de su idolatrada Alma Mater. Al margen de honores y distinciones –no fue, verbi gratia, miembro de ninguna Academia de radio nacional, ni recibió algún premio de la misma naturaleza-, sin más estímulo que el de la obra bien hecha y el de un patriotismo a prueba de frustraciones y escepticismos, autor de España visigoda, entre otras múltiples y acendrados títulos, se descubre, al rayar el año de 2001, como uno de nuestros compatriotas más acreedores al reconocimiento y la gratitud colectivas.
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