Opinión

Pakistán hurga en su pasado reciente

Domingo 13 de febrero de 2011
La posibilidad de que el ex presidente pakistaní, Pervez Musharraf, tenga que comparecer ante la justicia de su país acusado de no haber protegido como es debido a Benazir Bhutto es más un artificio político que jurídico. La que fuera esposa del actual presidente, Alí Zardari, murió asesinada en el transcurso de un mitin, tomando su marido el testigo político que le aupó a la presidencia de Pakistán. Desde entonces, el país vive sumido en una permanente zozobra, pues, a las devastadoras lluvias de hace un par de años, hay que sumar el avance talibán en zonas tan sensibles como densamente pobladas y la ineptitud de un presidente que parece manejado por el todopoderoso ISI -servicios secretos pakistaníes-.

Un presidente que, al mismo tiempo, se muestra demasiado timorato ante un integrismo cada vez más amenazador y al que, desde luego, no hace frente como es debido. Tampoco parece querer exteriorizar la imagen de cooperación con Estados Unidos, prefiriendo jugar a una suerte de confusión tan peligrosa como dañina a corto plazo. Musharraf, en cambio, era más pragmático. Sabía que había poderosas razones de estado por las que resultaba interesante buscar el apoyo de Washington y nunca se escondió por ello. Pero, al mismo tiempo, fue capaz de mantener a raya al integrismo sin por ello renunciar a sus principios, a lo que hay que sumar el respeto que su figura sigue despertando en una institución tan valorada a nivel nacional como es el ejército. Ninguna de esas cualidades se dan en Alí Zardari, razón por la cual intenta emplear los resortes del estado para atacar a quien podría ser un futuro -y formidable- oponente-. La comunidad internacional debe permanecer alerta ante una situación que, si se descontrola, puede acarrear consecuencias muy preocupantes.

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