Críticas de Teatro

El PIB, el tabaco y el teatro

EL CHIVATO

Martes 15 de febrero de 2011
El PIB es masculino… Claramente masculino. Lo dijo la asombrosa ministra de Sanidad, cuando ya pensaba en prohibir el uso del tabaco – ¿por ser también masculino?-. Si la culpa de la crisis ¿qué crisis? la tiene la masculinidad del PIB (Producto Interior Bruto) con sus tres palabras del género malhechor, es deducible que la peligrosidad del tabaco provenga también de su pernicioso género. La pasmosa ministra que nombra a quien le sale de los cojones (sic), de la misma manera prohíbe lo que le sale del mismo sitio; es decir, de unas gónadas inexistentes en las hembras, por muy ministras que sean.

El PIB es masculino… Claramente masculino. Lo dijo la asombrosa ministra de Sanidad, cuando ya pensaba en prohibir el uso del tabaco – ¿por ser también masculino?-. Si la culpa de la crisis ¿qué crisis? la tiene la masculinidad del PIB (Producto Interior Bruto) con sus tres palabras del género malhechor, es deducible que la peligrosidad del tabaco provenga también de su pernicioso género. La pasmosa ministra que nombra a quien le sale de los cojones (sic), de la misma manera prohíbe lo que le sale del mismo sitio; es decir, de unas gónadas inexistentes en las hembras, por muy ministras que sean.

Ya aclarado lo de la culpabilidad del PIB, sentada en su poltrona la coleguilla germinada en los dídimos minístrales, y proscrito el fumeque hasta de los lugares autorizados no ha mucho tiempo, la necia Ley podría afectar al milenario teatro, en cuyos escenarios se ha fumado, desde mucho antes de que fumar fuera un placer. A esta altura del comentario –si es que hasta aquí llegó el lector- quienes persisten se preguntarán: ¿Qué tiene que ver la prohibición de inhalar el aromático humo de cigarros y pitillos con el arte de Thalía y sus incondicionales? ¡Tiene relación. Sí, la tiene cuando un huero espectador catalán –o habitante de la culta región- se permite denunciar a un teatro de Barcelona, el Teatro Apolo, y al espectáculo que exhibe, el musical Hair, porque “se fuma en el escenario”.

HAIR es, sin duda alguna, un sincero manifiesto de la defensa de la libertad individual, entre cuyos valores destacan el pacifismo, la ecología, la igualdad racial y religiosa, la defensa del amor y la concordia, así como la búsqueda de nuevos ideales. Por ello, y por la calidad de su música y su libreto, no es de extrañar que HAIR se haya representado en multitud de idiomas en los cinco continentes, que su última puesta en escena en Broadway (2009) obtuviera el Premio Tony al Mejor Revival de Teatro Musical. Ahora, en el Teatro Apolo de Barcelona, la comedia musical renueva su enorme éxito y, en su escenario se fuma porque lo requiere la acción. Aquellos jóvenes de los 60 que se fumaban de todo, ahora representados por jóvenes actores del siglo XXI que, obligados a fumar, lo hacen con cigarrillos de hierbas inocuas, por respeto a la Ley y, sobre todo, por respeto a un público más importante para el teatro que todas las ministras con sus caprichosas leyes.

Si esto sigue así, algún simple habrá que denunciará las armas que matan en los escenarios, los venenos de los clásicos y hasta coturnos y máscaras por insanos. ¡Legislen, todo cuanto quieran! Pero eviten que los necios, más papistas que… hagan el ridículo y… ¡Dejen al teatro como está!

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