ALICIA GIMÉNEZ-BARTLETT, AUTORA DE DONDE NADIE TE ENCUENTRE
Elena Viñas | Miércoles 16 de febrero de 2011
Escribir "Donde nadie te encuentre" ha supuesto para Alicia Giménez Bartlett un viaje apasionante a los años 50, a una España marcada por las penurias de la posguerra, en la que transcurren las vivencias, duras e intensas, de La Pastora, uno de los últimos miembros del maquis. Avalada por el premio Nadal, la novela de esta autora conmueve, como también lo hace la intensidad con la que relata a viva voz las penurias y capacidad de supervivencia de este personaje, que no fue mujer, pero tampoco hombre.
Hay a quien le gustaría escribir, pero no lo hace por falta de imaginación. Me pregunto qué dificultad entraña hacerlo sobre un personaje real.
Cuando tienes muchos datos sobre un personaje real es difícil saber qué es materia narrativa y qué no. En mi caso, hay aspectos que, por muchas vueltas que les he dado, han seguido siendo insignificantes y no han logrado acercarme a lo que quería retratar. Hay escritores imaginativos y otros, observadores de la realidad, entre los que me incluyo. Me fijo en todo y me interesa mucho la gente. En esta novela, he seleccionado los pasajes que podían transmitir la esencia de La Pastora.
¿Ha sido fundamental ponerle cara a este personaje?
No tenía más remedio. Hay dos fotografías de ella, una como mujer y otra como hombre. Es curioso porque, como mujer, resulta atípica, ya que muestra rasgos masculinos y una gran espalda. Al mismo tiempo, sin embargo, hace intentos para parecer femenina al lucir una permanente y un collar. Ya como hombre, en la fotografía policial de su ingreso en prisión, muestra una mirada de soledad, extravío y tristeza infinita.
Utilizó su ambigüedad sexual de una forma muy inteligente. ¿Lo cree así?
Sí, es cierto. De La Pastora se decía que era un ser muy primario, pero en dos meses aprendió a leer y escribir. Supo, además, sobrevivir a su miedo, lo que dice mucho a su favor. Explotó las pequeñísimas ventajas que podía sacar de sus dos identidades. Como mujer se permitió enternecerse y tener contacto con los niños, con quienes se llevaba muy bien. Como hombre, sin embargo, fue un guerrillero terrible.
¿Logró ser feliz?
Cuando ingresó en el maquis, le llegó el momento de poder mostrarse como un hombre, dado que así lo era genéticamente. Esos años, sin embargo, coincidieron también con la etapa más dura de su vida.
¿Así que no fue suficiente?
No. Vivió la persecución terrible de la Guardia Civil y las consecuencias de haberse desenraizado de todo. Pero también gozó de otros momentos. Aprendió a leer, lo que le supuso una gran ilusión, ya que pensaba que jamás podría permitirse ese logro, casi mágico. También fue importante el hecho de que tuviera compañeros por primera vez, así como pertenecer a algo por una vez en la vida. Dejó de ser marginal y pasó a ser uno más.
En el maquis es donde, por primera vez, alguien le felicita por algo. Debió pasar una vida muy dura.
Sí, una vida terrible… Durante la investigación, cuando entraba a los detalles de su historia, había momentos en los que tenía que parar de leer. Me preguntaba por cómo es posible que una persona pudiera vivir con ese desprecio y pasara tanta dificultad. Alguien que, con nueve años, se fue de casa porque sus hermanas casi la mataron a palos para, dos años después, ser enviada al monte a cuidar de las ovejas por deseo de su familia de acogida. Una persona que, ya siendo hombre, pasó sus últimos dos años de libertad escondido en una cueva. Son, verdaderamente, circunstancias extremas. Pienso que si no fuera porque es un personaje real, nunca me hubiera atrevido a hacer una novela con este argumento.
¿El novelista puede llegar a sentir frustración ante historias reales tan apabullantes como esta?
Por una parte, puede pasarte que carezcas de suficiente imaginación. Pero, también, que el argumento resulte poco creíble. Hay quien puede pensar que has escrito un texto que se pasa de culebrón. Sin embargo, la vida es así. La realidad siempre siempre siempre supera a la ficción.
La Pastora fue acusada de 29 asesinatos. ¿Eso le quita mérito a su proeza personal?
Me han preguntado qué admiro de La Pastora. Yo respondo que no puedo admirar nada de ella porque su vida se desarrolló en un entorno terrible. De hecho, pensar en vivir su situación me resulta horroroso. A eso hay que añadir que se trata de una persona que recurrió a la violencia. Teniendo en cuenta su pasado, la puedo entender, así como comprender las fechorías que hizo al final de su vida. Pero hay algo que sí que admiro: su supervivencia. Su capacidad de decir: “Estás viva, adelante”. Es algo que tiene que ver con el vínculo animal del hombre, una parte muy digna del ser humano.
¿Qué destino le habría escrito si su vida hubiera sido ficción?
Jamás se me hubiera ocurrido el final real que tuvo. Ya como hombre, un funcionario de prisiones se apiadó de él y se lo llevó a su casa, donde vivió de una manera plácida, con una minúscula pensión que le correspondía, en una caseta en el jardín y dedicado a pasear a sus perros. Ese final no se me habría ocurrido. Habría preferido que muriera en combate, un final mucho más romántico.
Murió en soledad, como había vivido…
Sí, en una soledad absoluta. Cuando desertó del maquis con su compañero, ambos se hundieron en la desesperación. No supieron a quien acercarse y no tenían futuro ninguno. Fueron perseguidos como alimañas. Ni siquiera fueron capaces de presentarse ante sus compañeros porque temían que les hicieran un juicio sumarísimo. Cuando mataron a su compañero, alcanzó la soledad total. Tuvo que volver solo de nuevo a la montaña. Qué terror…
¿Hubo mucho miedo en la posguerra?
Sí. La generación de La Pastora vivió situaciones muy extremas. De alguna manera quedó tocada. Mi padre, que era una bella persona, estuvo en la cárcel un año después de la guerra por ser corresponsal de un socialista. Fíjate qué acusación.
Deben quedar todavía muchas historias apasionantes por ser contadas.
Muchísimas. Hemos estado tantos años sin poder contar nuestra historia como país que hay mucho que relatar. Lo que ocurre es que no te puedes encasillar. Es evidente que España ha sufrido una transformación bestial, pero no podemos quedarnos en esos años horribles. Hay que superarlos, aunque es cierto que para hacerlo hay que conocer bien aquella época.
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