Opinión

¿A qué juega las FARC?

Jueves 17 de febrero de 2011
La narcoguerrilla de las FARC se está burlando del pueblo colombiano a costa del dolor de sus rehenes. Este domingo el grupo armado frustró la fase final de un operativo que suponía la puesta en libertad de un total de cinco secuestrados, de los cuales dos aún permanecen bajo el poder de los rebeldes a causa de que, sin razón aparente, dieron las coordenadas erróneas para la búsqueda de Guillermo Solórzano y Salín Sanmiguel. Una circunstancia que, sumada al secuestro de dos personas más el pasado jueves, resulta una irónica elipsis de lo absurdo que puede resultar el llamado Acuerdo Humanitario tan promovido por la ex senadora Piedad Córdoba.

Si bien Córdoba ha demostrado una gran tenacidad para lograr que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia liberen a cuenta gotas pequeños grupo de cautivos, lo cierto es que este último gesto de la guerrilla, no hacen otra cosa que justificar el escepticismo que la Casa de Nariño siempre ha profesado hacia un intercambio que, pese a sus nobles propósitos, ha servido en realidad para que las FARC ganen tiempo y el Gobierno pierda el suyo, algo que no le sienta muy bien al presidente colombiano, Juan Manuel Santos. El mandatario colombiano nos ha demostrado en el pasado que es más un hombre de acción y de decisiones pragmáticas, que de caer en esa estrategia retórica y chantajista a la que le gusta jugar el grupo guerrillero y que tanto éxitos “políticos” le valieron antes de la era Uribe.

¿Es posible que las FARC estén midiéndole la tensión a Santos o “tomándole el pelo”? No cabe duda que la “puñalada humanitaria” de este domingo es una muestra de que los rebeldes ponen a prueba la voluntad del mandatario, burlándose de las concesiones que su Gobierno ha dado para que cinco hombres sean liberados de un terrible, injusto y largo cautiverio. Una broma de muy mal gusto que como era de esperar, llevó al presidente colombiano suspender los operativos de liberación, haciendo que se esfumen las esperanzas de las familias de Solórzano y Sanmiguel.

Confiamos que la narcoguerrilla analice concienzudamente sobre hasta qué punto su juego puede darle opciones de ganar la partida. Un ejercicio que debe realizar haciendo memoria, porque ahora le toca al hombre detrás de las Operaciones Jaque y Fénix, “mover ficha”.





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