Rafael Ortega | Domingo 20 de febrero de 2011
“No tengáis miedo” fue la bendita frase que nos dejó Juan Pablo II, pero en estos momentos, cuando muchos desean que se reduzcan al ámbito privado todas nuestras creencias, vemos que el miedo atenaza a los que son incapaces de dar testimonio de su Fe. Hace unos días, hemos vivido en Majadahonda el bárbaro sacrilegio del robo del Sagrario y de tres copones con las Sagradas Formas de la parroquia de Santa Catalina, la misma que en la pasada Nochebuena sufrió el incendio del portón de entrada, y hasta el momento la noticia ha rozado los medios de comunicación y las condenas han sido más bien escasas y no las esperadas y deseadas desde todas las instancias. Este viernes ha habido un acto de desagravio ante el sacrilegio al que hemos asistido unos pocos de cientos de majariegos.
Esta semana se ha celebrado en la Casa de la Iglesia, la Asamblea Anual de Delegados Diocesanos de Medios de Comunicación, y a la que ha asistido, entre otros, Monseñor Fisichella, Presidente del recién creado Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, y hombre de la máxima confianza de Benedicto XVI, que nos habló del secularismo, “como si Dios no existiera”, y nos recordó que se ha infiltrado en las instituciones “hasta llegar a ser cultura y comportamiento de masas”. Se trata, como decíamos antes, de prescindir del horizonte religioso y relegar a la fe al ámbito exclusivamente de lo privado. “El hombre –nos dijo Fisichella- viene a ocupar el lugar central. Dios se convierte en una hipótesis inútil y un competidor a evitar y eliminar. Pierde su lugar central y el hombre pierde también el suyo”. Frente a este “eclipse del sentido de la vida”, en el que el hombre no encuentra su lugar en la sociedad, “cae en la tentación de pensar que es él el dueño de la vida y la muerte porque puede decidir el cuándo y el cómo”.
Fisichella también nos a alertó del “narcisismo”, en cuanto a que vivimos “una cultura, incluidos los medios de comunicación, que tiende a idolatrar la perfección del cuerpo y discrimina las relaciones interpersonales sobre valores sólidos”.
Y es que como apuntábamos al inicio, vivimos una profunda crisis, “una crisis de Dios-según Fisichella-determinada por el poder, en la “la religión sí, pero ni Dios ni la Iglesia”, donde no sólo se niega sino que se desconoce.”
Por todo ello- insisto “no tengamos miedo”, y todos los medios de comunicación son, somos, necesarios. Necesarios para denunciar los hechos sacrílegos, como el ocurrido en Majadahonda, y necesarios para decir ¡basta! ante los atropellos que intentan aquellos que siguen los dictados de los que tiene como lema “todo vale”.
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