Opinión

La universidad agoniza (I)

Lourdes López Nieto | Lunes 21 de febrero de 2011
Uno de los objetivos del presidente Zapatero en su discurso de investidura (abril 2008) era “situar la Universidad española entre las más activas y competitivas de Europa“. Poco después aprobó “Estrategia Universitaria 2015” “Nuestro sistema universitario ha cumplido con creces los objetivos que la sociedad le ha marcado….y ha impulsado favorecido… por el progresivo despliegue del estado de las autonomías, el desarrollo territorial del conjunto del estado favoreciendo el acceso universal a la educación superior y reduciendo las desigualdades territoriales“. Durante esta Legislatura se han aprobado normas que amplían las vías de entrada en la Universidad, como la que facilita “el acceso para mayores de 40 años con experiencia laboral y profesional en relación con una enseñanza, sin poseer titulación académica habilitante para acceder a la universidad por otras vías”. Para ello se requiere una solicitud al rector seguida de una entrevista personal.

Ahora se realizan muchos diagnósticos sobre la crítica situación política y económica de España. Sin embargo son pocos los que se ocupan de los efectos de la siguiente afirmación: “Es bueno que toda la población de un país esté alfabetizada, pero es perjudicial que queramos que todos nuestros jóvenes sean titulados universitarios” (Fundación Everis).

¿En que medida tienen fundamento ambas afirmaciones? Coinciden en afirmar el acceso universal a la Universidad, aunque discrepan en el juicio que tienen de esta situación.

En efecto, según los datos del Ministerio de Educación “Para el curso 2010-2011 se prevé un crecimiento de la matrícula de nuevo ingreso del 10% lo que significa que 385.000 nuevos estudiantes están entrando en el Sistema Universitario Español (SUE), alcanzando máximos históricos. Esta tasa de universitarios supera la media europea.

Este proceso de universalización de los estudios universitarios, comenzó al amparo de la tesis del presidente González de generalizar el acceso a la universidad, al tiempo que continuaba denostando de facto la Formación Profesional. Esta había comenzado a ser relegada política y socialmente al inicio de la transición. Se modificó por razones administrativas la dependencia de las 22 universidades laborales cuando se reformó la Seguridad Social. Ello contribuyó al desmantelamiento de facto de unos centros que contaban con prestigio social ya que facilitaban el acceso al mercado de trabajo de jóvenes cualificados. Después los gobiernos de Aznar rehabilitaron estas enseñanzas, si bien Zapatero no las ha incluido en su agenda hasta este año. En efecto, el Ministerio de Educación ha declarado 2011 “año de la formación profesional” para cuya celebración se han convocado numerosos “eventos”.

En contraste para la Universidad los gobiernos de Zapatero han aplicado su habitual esquema “adanista”: anular las normas anteriores, e introducir nuevas, como las de ampliar y rebajar las exigencias de la prueba de acceso así como la reserva de plazas a diversos “colectivos”. En efecto el ejecutivo ha asumido las típicas políticas buenistas, multiculturalistas y demás propuestas istas impulsados desde el Consejo de Europa para la universidad. Se trata de una nueva manifestación de “papanatismo europeista” basado en el Espacio Europeo de Educación Superior, que se suma a la multiplicación de las titulaciones “evitando de esta manera la uniformidad a la que el Sistema Universitario Español estaba sometido con la vigencia del anterior catálogo de titulaciones”. Por ello, este curso se ha ofertado 243.300 plazas de grados, frente a las 8.198 de 2008-09. Obviamente estos datos sugieren muchas reflexiones y preguntas como ¿Se pueden crear tan rápidamente tantas plazas implantando nuevas titulaciones? ¿Es posible que la anterior uniformidad sea la razón última de tan rápida multiplicación de títulos?.

Simultáneamente, con la inestable colaboración de las autoridades académicas han “secundarizado” los estudios universitarios al imponer criterios pedagógicos (las conocidas “habilidades, capacidades y destrezas”) en la docencia. Estos se equiparan e incluso se superponen y condicionan con frecuencia los contenidos científicos y afectan de facto a libertad de cátedra.

Es evidente que la actual situación de la Universidad española, sobre la que en este artículo solo se dibuja unas pinceladas, ha contado también con la inestimable colaboración de los gobiernos autonómicos y municipales. En efecto, el Sistema Universitario Español hoy está compuesto por 78 universidades: 50 públicas y 28 privadas. Están distribuidas en 237 campus. La mayoría se han creado en las dos últimas décadas.

La relación alumnos por profesor es aproximadamente de14, única ratio que permite que España se sitúe en la posición 16 del ranking de los sistemas universitarios mundiales. La de alumnos personal de administración y servicios es inferior. Recordemos que los alumnos pagan solo un 11% del coste de matrícula (Fundación Alternativas).

Sin duda, el componente clientelar de las universidades públicas provinciales y locales es enorme, ya que ha servido para ampliar las administraciones, creando numerosos puestos de trabajo, pero de baja calidad académica. De ello hablaremos en el próximo artículo.

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