Dos talentos, un mismo fin. La soprano Isabel Cantos y el guitarrista Tony Madigan han decidido unir fuerzas para afrontar ambiciosos proyectos comunes.
La soprano española Isabel Cantos y el guitarrista norteamericano afincado en España, Tony Madigan, llevan tan sólo un mes compartiendo ensayos en la capital, pero su compenetración es tan absoluta, que, escuchándoles hablar, parece que lleven juntos toda una vida artística, aunque, hasta la fecha, sus caminos nunca se habían cruzado. Cosas del destino, porque, en realidad, ambos confiesan en una entrevista a El Imparcial, que su encuentro no fue premeditado, aunque, en el fondo, ahora les parezca de lo más natural afrontar esta nueva etapa profesional caminando de la mano.
Lo cierto es que Isabel Cantos, a quien se ha calificado ya como la nueva embajadora de la música culta española, después de los recitales ofrecidos con gran éxito en Chicago durante el pasado año, llevaba un tiempo buscando a un guitarrista con quien tuviera la empatía necesaria para trabajar. Ella asegura que prefiere la guitarra para acompañarse en los recitales, porque “es como ir piel con piel”, mejor que con el piano, ya que la guitarra le permite escucharse, aunque, sin duda, no sea este instrumento el que más “ayude”, como, por el contrario, sí ocurre con el piano. Y a Madigan le encontró de la forma más casual, sin buscarle, a través de un amigo del guitarrista, que fue quien les puso en contacto. De él, Cantos dice que le aporta cosas tan importantes como sabiduría, conocimiento y mucha energía positiva.
Lo cierto es que se nota enseguida que ambos son unos apasionados de su profesión y, además, que se trata de personas con mentalidades abiertas a distintas experiencias musicales, dispuestas a seguir aprendiendo cosas nuevas, y, en este sentido, para Madigan, su encuentro con la soprano albaceteña le está haciendo entrar en un repertorio con el que antes nunca se había encontrado, descubriéndole músicas tremendamente sugestivas e interesantes, muy lejos de los habituales repertorios de las sopranos.
Y es que la carrera profesional de Isabel Cantos, licenciada en Filología Árabe y Derecho, se percibe enseguida ligada con su alto perfil intelectual, una predilección por músicas populares europeas y de otras civilizaciones que le viene directamente de sus estudios junto a la cantante e intelectual askenazí Sofía Noel. Y todo ese bagaje cultural, Isabel, formada en canto lírico por la soprano y pedagoga Josefina Arregui, lo vuelca en su música, su auténtica profesión, y también su pasión, desde que, incluso antes de empezar a hablar, ya deleitara a los suyos con “actuaciones” en el patio de la casa familiar, en las que, ataviada para la ocasión, salía a cantar, con el extremo de la manguera de regar el jardín a modo de micrófono. O, poco más tarde, cuando las monjas de su colegio la paseaban de aula en aula para que protagonizase las actividades culturales de las demás alumnas, interpretando las canciones castizas que su abuela madrileña le había enseñado. Nos cuenta que sólo hubo un periodo en el que se alejó brevemente de la música, fueron los años en los que estudió las dos carreras universitarias, aunque ahora, volcada de nuevo por completo en su faceta musical, la que se esté resintiendo sea su tesis doctoral sobre la cohabitación en Francia.
Igual de polifacético y comprometido con su actividad artística es Tony Madigan. El genial guitarrista habla de sus logros casi sin detenerse en ellos, con tanta naturalidad como la que demuestra la soprano, de quien él destaca también que “no es nada diva, no como alguna otra con la que he tenido que trabajar”. Madigan nació en Nueva York, pero llegó a Madrid con su familia a los once años, aunque no pueda decirse que se haya quedado aquí desde entonces. Se licenció por Cambridge en Literatura Francesa, después intentó no “morir de hambre” tocando la trompeta en Italia, país que adora, volvió a Nueva York por amor y, más tarde, otra vez a Madrid, con Miguel Narros, para hacer teatro, hasta mediados de los 70. Porque el teatro acabó cambiándolo por el flamenco, para sorpresa de sus amigos y compañeros de tablas, momento en el que sacó un disco de fusión que le trajo muchas alegrías y trabajó con Agujetas de Jerez, antes de viajar a Alemania, donde, durante una gira, le grabó la televisión, la cual, poderosa ella, le valió para que le “descubrieran” y le llegaran contratos para trabajar por toda Alemania y empezar a componer.
Ahora, juntos, Cantos y Madigan, dos grandes artistas unidos seguramente por algo más profundo que el azar, preparan tres ambiciosos e interesantes repertorios: el primero, sincrónico, consistiría en un mix de armonías populares de grandes autores europeos, abarcando desde canciones populares rusas o armenias a francesas y polacas; el segundo, diacrónico, consistiría en un paseo por la música española desde la sefardí hasta Mario Rodrigo; y un tercero, que se fijaría especialmente en la música de principios del siglo XX.
Sin olvidar tampoco, señala la soprano, los cantos iniciáticos, “canciones para iniciar a los niños en sus religiones, como invocaciones al Dios Sol”, explica, provocando enseguida la curiosidad de Madigan, quien se ríe y asegura: “eso es nuevo, ya me lo explicarás”. De momento, seguirán trabajando. Seguro que pronto tendremos ocasión de ver el resultado, que será, sin lugar a dudas, tan interesante y estimulante como sus propias personalidades.