Jueves 24 de febrero de 2011
Ayer, aparte del aniversario del 23-F, había sesión de control al Gobierno en el Parlamento. Ello es así porque, efemérides aparte, la vida política debe seguir su curso habitual. Es más, un día como el de ayer debía de haber sido modélico en lo que a actividad parlamentaria se refiere; no se nos ocurre un mejor homenaje a la democracia –ni mayor reto a los golpistas que secuestraron el Parlamento para silenciarlo- que potenciar el desarrollo de un Hemiciclo libre. Así lo entendieron los grupos que formularon preguntas al Gobierno. Su líder, José Luis Rodríguez Zapatero, se escudó en la conmemoración de la intentona golpista para no responder las interpelaciones que el PP le hacía en materia económica. Un recurso hábil de un actor capaz de improvisar pero un pobre argumento dialéctico.
Hay un momento para actos representativos, y otro -si cabe, mucho más importante- para gobernar el país. Entre cuyas tareas destaca la de rendir cuentas ante el Parlamento, órgano que encarna la representación ciudadana por excelencia. No hacerlo supone un fraude al conjunto del pueblo español, y utilizar para ello la excusa del 23-F, una astucia que burla el sistema parlamentario. Es, por otro lado, el mismo argumento por el que el parlamento autonómico andaluz ha rechazado todas y cada una de las comisiones de investigación que ha propuesto el PP durante los últimos años; la última de ella, a propósito de los ERES fraudulentos de la Junta. No hay nada más antidemocrático que hurtar al ciudadano el conocimiento y debate de aquellas materias que son de su interés.
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