Viernes 25 de febrero de 2011
Ayer, que ya no había efeméride alguna a la que aferrarse para no debatir, tuvo lugar en el Congreso un monográfico sobre política social. El debate –y esto es lo más significativo- tuvo lugar a petición del Gobierno. Es revelador que el señor Zapatero piense que su mayor activo ante la opinión es la política social. Uno se pregunta qué política social puede hacerse con casi cinco millones parados. Desde un punto de vista liberal, la idea del señor Zapatero ilustra un típico error paternalista de los partidarios del intervencionismo y dirigismo económico: la idea que un burócrata protege a los más desfavorecidos porque sabe mejor que ellos mismos como invertir y distribuir su dinero. Pero la realidad es que la gente conoce mejor que nadie lo que le interesa para si mismo y –los que lo tienen- invierten mucho mejor su dinero que funcionario alguno y crean más puestos de trabajo que éste. La mejor ayuda que prefiere el común de los mortales es un puesto de trabajo que le permita decidir personal e individualmente sobre sus necesidades y preferencias y, además, enriquece la economía general, mientras que el dirigismo, la empobrece.
En todo caso, las aportaciones de la sesión dieron para bastante poco; si acaso, para constatar que uno de los clichés más manidos de la izquierda española, cual es el ser la abanderada única de las políticas de protección social, ha quedado totalmente fuera de lugar. José Luis Rodríguez Zapatero ha demostrado, una vez más, ser un maestro consumado en la estrategia electoralista, según la cual su gabinete es quien más ha velado porque la política social siguiera siendo uno de los puntales de su labor de gobierno.
Sin embargo, la realidad dice que en estos últimos años la eficacia de esa política social es poco menos que nula. Porque no hay mejor política social que la basada en la creación de empleo; justo lo contrario de lo que lleva sucediendo desde que el señor Zapatero llegó a La Moncloa. Los recortes en pensiones y sueldos de funcionarios, siendo necesarios, podrían haber sido menos traumáticos si se hubiese actuado en su momento, y no tarde y mal. Se hizo una Ley de Dependencia sin apenas provisión ni acuerdo previo con las comunidades autónomas. Realidad frente a virtualidad demagógica.
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