Domingo 27 de febrero de 2011
Las relaciones entre México y EEUU atraviesa uno de sus mejores momentos, desde que Barack Obama llegó a la Casa Blanca en febrero de 2008, el presidente mexicano, Felipe Calderón ha tenido cuatro encuentros bilaterales con Washington y se prepara para emprender el quinto los próximos 2 y 3 de marzo, con el objeto de tratar asuntos regionales e internacionales de “interés común”. Algo que podría traducirse en concebir nuevas estrategias de seguridad frente al crimen organizado, más aún tras el ajuste de cinturón anunciado por Obama que afecta directamente las ayudas para la Iniciativa Mérida, el equivalente a un Plan Colombia en el país azteca.
Calderón se ha valido de las serias intenciones del Gobierno estadounidense de querer retomar la agenda latinoamericana para consolidar la buena relación que existe entre ambos Ejecutivos. De hecho la aproximación y la química diplomática con México se ha hecho evidente ante el nivel de compromiso asumido por EEUU sobre su responsabilidad y su papel ante la lucha contra el narcotráfico que, a diferencia de administraciones anteriores, la de Obama se muestra más honesta y consciente de su factor de culpabilidad. Una postura que le ha facilitado a Calderón llevar a cabo un papel más activo dentro de un diálogo que afortunadamente, ha dejado de ser un “monólogo diplomático”, para convertirse en un tema entre dos estados.
El encuentro entre Obama y su homólogo mexicano tiene lugar semanas antes de que el jefe de la Casa Blanca emprenda su primera gira latinoamericana que le llevará por El Salvador, Chile y Brasil. Periplo que genera cierta ilusión en muchos países de la comunidad interamericana, debido a que podría ser el comienzo de un acercamiento formal de Estados Unidos hacia sus vecinos. No cabe duda que Washington está dejando de mirar a América Latina “de reojo” para observarla directamente a los ojos.
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