Lunes 28 de febrero de 2011
Cuando empezaron a salir a la luz las irregularidades de Mercasevilla, pocos en Andalucía se extrañaron. Y es que en los treinta años que lleva el PSOE detentando el poder en aquella comunidad autónoma, prácticas de este tipo han sido -y siguen siendo- desgraciadamente habituales. Hay que sumar a ello el caso de las facturas falsas del ayuntamiento de Sevilla y, sobre todo, el escándalo de los ERE fraudulentos, conocido precisamente a raíz de Mercasevilla. La cantidad de dinero público que se ha estado manejado todo este tiempo sin control alguno es de todo punto inadmisible, casi tanto como la falta de diligencia del Ministerio Público en todo este asunto, una desidia que lleva a comparaciones enojosas y disfuncionales en relación a la celeridad con que se conduce en los casos que no afectan al PSOE.
Todo parece indicar que, a medida que la investigación siga su curso, irán apareciendo nuevas revelaciones. De momento, el escándalo ha salpicado directamente a seis altos cargos socialistas, y a varias personas de su entorno. Precisamente por eso, resulta incomprensible cómo, a día de hoy, nadie del PSOE ha salido a la palestra para ofrecer unas explicaciones mínimamente creíbles y, sobre todo, disculparse públicamente. José Luis Rodríguez Zapatero, que tanto critica –a veces con razón- la inacción de Rajoy en asuntos parecidos, parece haberse contagiado del laissez faire del líder popular y no ha dicho todavía una sola palabra sobre este caso. Y debería. Al igual que Manuel Chaves y José Antonio Griñán. Ellos, además, tendrían que haber presentado ya su dimisión por su responsabilidad política en uno de los mayores escándalos de corrupción de los últimos tiempos. Cuanto más tarde el PSOE en tomar cartas en este asunto, peor para todos; sobre todo, para los socialistas.
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