Luis María ANSON | Lunes 28 de febrero de 2011
Las encuestas de fin de semana dejaron exangüe al Partido Socialista Obrero Español. Entre 10 y 20 puntos menos que el PP se mueve la horquilla del desastre socialista. Los alcaldes y los presidentes autonómicos saben que, en gran parte, es el nombre de Zapatero el que ahuyenta a los electores. Y mientras unos callan pero otorgan, los otros se manifiestan abiertamente para que el presidente dadivoso anuncie su retirada.
Claro que las encuestas no son las urnas y para las generales falta un año. La situación puede mudar pero, en principio, y salvo circunstancias extraordinarias, el batacazo socialista sería de época. Por eso los principales barones del socialismo, con Felipe González y Alfonso Guerra a la cabeza, muestran de forma cada vez más acerada, sus reticencias.
Ciertamente, la valoración de Zapatero permanece por encima de la de Rajoy o muy igualada pero está clarísimo que una parte del electorado del PSOE basculará hacia Izquierda Unida y otra parte hacia Rosa Díez. A los socialistas les queda poco tiempo. Si Zapatero no anuncia su retirada en las cuatro próximas semanas, las municipales y autonómicas se celebrarán bajo su signo. Y a pesar de que la gente vota a sus alcaldes y presidentes, en algunas regiones españolas como Madrid el peso del desastre zapatético puede acentuar gravemente la derrota del PSOE.
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