Opinión

Lecciones que llegan de Libia

Enrique Aguilar | Miércoles 02 de marzo de 2011
Mientras espero en vano que el gobierno argentino alce una enérgica voz de condena a la brutal represión que enluta a estas horas al pueblo de Libia, mientras por otro lado escucho con perplejidad las voces que desde el oficialismo insinúan una reforma constitucional tendiente a hacer realidad el sueño de una “Cristina eterna”, me consuela leer algunas declaraciones que subrayan la trascendencia de este tiempo histórico que nos enseña que el afán de libertad no conoce fronteras y que ninguna dictadura (ni siquiera las que venían siendo amparadas por la hipocresía occidental) tiene ya asegurada su continuidad.

Tal el caso de la reciente entrevista realizada por La Nación, de Buenos Aires, al célebre periodista francés Jean Daniel quien, con sus noventa años a cuestas, analiza los acontecimientos del mundo árabe con una lucidez intacta y trasmitiendo un mensaje francamente esperanzador. En uno de sus tramos, y ante la pregunta acerca de las motivaciones que, aparte del desempleo y la falta de futuro, animaron a los cientos de jóvenes que encabezaron esta ola de sublevaciones, Daniel responde: “Lo que se volvió insoportable fue la confusión entre los gobernantes y el Estado”. Y más adelante: “En resumen, se ha producido una gigantesca fisura de la autoridad simbólica y por eso, precisamente, no ha quedado nadie al abrigo. Los jóvenes han tomado la posta de la sociedad de las naciones. Cuando se inauguró el Tribunal Penal Internacional en La Haya, mi amigo Roberto Badinter me dijo: ‘Estoy feliz porque, a partir de ahora, ningún dictador estará convencido de que podrá morir tranquilamente en su cama’. Y es exactamente lo que ocurrió”.

Me parece que esta respuesta tiene, como la libertad que ahora Libia reclama, un alcance universal. En este sentido, y dado que la confusión entre el Estado y los gobernantes, sumada al culto a la personalidad de estos últimos, es un rasgo propio pero no privativo de las dictaduras, cabe desear que los vientos que hoy soplan al norte de Africa nos predispongan a defender siempre nuestras libertades frente a todo poder que pretenda avasallarlas.

TEMAS RELACIONADOS: