Mientras prácticamente toda la comunidad internacional tarde o temprano ha acabado posicionándose en contra Gadafi, al dictador libio aún le quedan un apoyo claro: Hugo Chávez. El mandatario venezolano asegura que no hay pruebas de que Gadafi sea un asesino y ha llegado a ofrecerse como mediador para solucionar el conflicto libio para “evitar que los Estados Unidos invadan” el país norteafricano.
A pesar de la distancia geográfica y cultural,
Muammar el Gadafi y Hugo Chávez tienen muchas cosas en común. Más de las que cabría pensar a primera vista y en las que han sustentado una fructífera amistad que hoy por hoy se refleja en la férrea lealtad que el mandatario venezolano está demostrando al dirigente libio. Mientras casi todos los países del mundo, los mismos que hasta hace poco más de un mes le consideraban un aliado –estrambótico y estrafalario, pero aliado al fin y al cabo- le han dado la espalda, Chávez aún sigue defendiendo el carácter libertario de aquel a quien en su día comparó con
el mismísimo Simón Bolívar. Coqueteos con terroristasAmbos mandatarios gobiernan -o han gobernando- países con enormes reservas energéticas, que les han permitido tener a su alcance recursos económicos y materiales con los que asentar su férreo poder y tener mayor protagonismo en la esfera internacional del que gustaría a muchos países occidentales. Además, ambos han revestido de consignas revolucionarias y de un discurso antiimperialista –antiyanqui- políticas y mandatos autoritarios, arbitrarios y despóticos. Los dos dirigentes no han tenido empacho en utilizar la violencia indiscriminada contra la población, así como tolerar e incentivar la creación de grupos armados, con la excusa de salvaguardar la revolución. Además, son comunes sus coqueteos –más o menos explícitos- con el
terrorismo internacional, al que han apoyado activamente –Gadafi ordenó personalmente el atentado de Lockerbie en 1988, en el que murieron 270 personas- o por omisión –en el caso del gobierno venezolano, con las FARC o la misma ETA-.
En septiembre de 2009, durante la II Cumbre América del Sur-África, celebrada en isla Margarita, Hugo Chávez rindió un homenaje a Gadafi que incluyó vivas a su figura y a la del libertador americano Simón Bolivar. “Lo que es Bolivar para nosotros es Gadafi para el pueblo libio”, aseguró el presidente venezolano antes de entregar a su invitado el collar de la Orden del Libertador y una réplica, fundida en oro y acuñada en diamantes, de la espada de Bolívar. En una declaración conjunta, ambos mandatarios defendieron
“la legítima lucha de los pueblos por la libertad y la autodeterminación”, algo que parece irónico teniendo en cuenta que Gadafi lleva cuarenta años manejando Libia a su antojo y que ha reaccionado cruelmente cuando su propio pueblo ha ejercido su propia y “legítima” lucha por la libertad.
El Bolívar libioPoco o nada le importa a Chávez que
la revolución en Libia esté protagonizada, al igual que las precedentes en Túnez o Egipto precisamente, por el pueblo, ese pueblo al que el “Bolívar libio” ha atacado sin piedad, con la excusa de salvaguardarle de él mismo. Y es que, por más que Chávez pretenda ver la oscura
mano del imperialismo yanqui en las revueltas libias, lo cierto es que Washington ha sido el primero al que los precipitados cambios que se están sucediendo en el mundo árabe le han pillado con el pie cambiado.
Para sorpresa de todo el mundo, el fenómeno que ha convulsionado el norte de África en el último mes y medio no está instigado ni por el islamismo radical, ni por occidente. Al menos, éste no ha tenido una influencia directa en el mismo. Ha sido Internet, la ventana al mundo que la red representa, junto con las enormes posibilidades de comunicación que ofrece, una de las bases fundamentales de una serie de revoluciones tan espontáneas como inesperadas. Y así se han fraguado unos levantamientos contra
regímenes autoritarios que parecían intocables, sin base religiosa y con la democracia y la libertad como único objetivo.
Ostracismo internacionalAcorralado en su propio país, donde las fuerzas insurgentes controlan la mayor parte del país y condenado al ostracismo por la comunidad internacional, Gadafi es un cadáver político que se resiste a abandonar el poder, aún a riesgo de condenar a su país a un conflicto bélico de larga duración. Ahora busca romper su aislamiento mediante Chávez, con quien esta semana mantuvo una conversación, según el gobierno venezolano, para crear “una comisión de paz” integrada por representantes de
América Latina, Europa y Oriente Próximo que ejercería el papel de mediador entre el régimen y los sublevados para evitar que el país acabe sumido en una guerra civil.