Lunes 07 de marzo de 2011
El último y dramático caso de “daños colaterales” en Afganistán, donde nueve niños perdían la vida hace pocos días como consecuencia de un bombardeo de la coalición internacional ha sido la gota que ha colmado el vaso. Así, Hamid Karzai declaraba indignado que no bastan las disculpas. No le falta razón al líder afgano. Desde que se inició el conflicto, miles de civiles inocentes han perdido la vida por “fuego amigo”. Muchos, en todo caso; hasta el punto de que en la población civil empieza a surgir un incipiente -y, en cierto modo, comprensible- rechazo hacia las tropas extranjeras.
En una guerra como la de Afganistán entra dentro de lo tristemente posible el que ciudadanos que nada tienen que ver con la contienda se vean inmersos, sin ellos quererlo, en acciones violentas. Otras veces son los propios talibanes quienes utilizan a la población civil como escudos humanos, al más puro estilo Hamas en Gaza. Pero lo que es absolutamente inaceptable es la cantidad de bajas a causa de “errores”. O la coalición internacional se toma más en serio este asunto, extremando las medidas de seguridad en lo que a reglas de enfrentamiento se refiere, o los talibanes dejarán de tener trabajo, ya que será la propia población afgana quien expulse de su país a unas tropas que parecen tener el punto de mira desviado con demasiada frecuencia.
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