La cofradía Senussi controla la mitad de las tribus de Libia
Lunes 07 de marzo de 2011
El líder libio Muhamar Gadafi pretende confundir a los mismos gobiernos occidentales que le han apoyado desde 2003 por su “cruzada contra el terrorismo islámico”, pero bajo la amenaza “después de mi, Al Qaeda”, está la cofradía musulmana de los Senussi, estandarte que han enarbolado los insurgentes en Libia.
Libia se encuentra sumida en plena batalla entre dos campos claramente delimitados: el de los leales a Gadafi atrincherados en la capital Trípoli y algunas ciudades del centro y sur del país, y el de los insurgentes con feudos en Benghazi y Tobruk y que amplían su poder a las zonas petrolíferas y ciudades costeras. La supervivencia de cada bando depende en estos momentos de su capacidad militar de resistencia y contraataque.
La amenaza blandida por Gadafi, “después de mi, Al Qaeda”, está destinada a ganar tiempo, entorpecer el suministro de armas y víveres a los rebeldes procedente del extranjero, y paralizar las sanciones en curso previstas por el Consejo de Seguridad de la ONU y la Unión Europea. Gadafi pretende confundir a los mismos gobiernos occidentales que le han reconocido y apoyado desde 2003 por su “cruzada contra el terrorismo islámico”. Sin embargo las bravatas del excéntrico coronel no resisten el más mínimo análisis.
El estandarte que desde los primeros días de la revuelta en Libia han enarbolado los insurgentes es el de la cofradía musulmana de los Senussi. Esta hermandad islámica tuvo su nacimiento en Mostaganem, en Argelia, en el siglo XIX, al igual que otras importantes cofradías y zauyas del Islam popular como la Alawiya. La cofradía Senussi se extendió por todo el Magreb y termino asentándose en Cirenaica, la provincia oriental de Libia, desde donde organizó la resistencia primero al imperio otomano turco, después al colonialismo francés, y más tarde a la invasión de la Italia “musoliniana”. La hermandad dio un apoyo sustancial a los Aliados durante la segunda Guerra Mundial, lo que le permitió alcanzar la independencia en 1951 y proclamar la unidad de Libia, de la que Idriss fue proclamado formalmente rey. Curiosamente una de las primeras medidas que proclamó el nuevo régimen independiente fue el del voto para la mujer, siendo de hecho el primer país árabe y musulmán en el que las mujeres pudieron emitir su sufragio.
Al Qaeda, como organización salafista yihadista, es enemiga del Islam popular y considera todas las cofradías musulmanas como “renegados” y por lo tanto merecedores de la pena de muerte. En los momentos más agudos de la guerra civil vivida en Argelia en los años 90, algunos grupos terroristas afiliados a la nebulosa de Al Qaeda, cometieron atentados contra los lugares santos del Islam popular, como el mausoleo de Sidi Bumediene en Tlemcen, cementerios y marabuts que eran utilizados por la población para realizar peregrinaciones y romerías. En nombre de la “pureza del Islam” y del fundamentalismo, los seguidores de Al Qaeda han desencadenado una guerra sin cuartel contra las creencias populares y el culto a los santos. La cofradía Senoussi, al igual que las otras muy presentes en Libia, Túnez, Argelia y Marruecos, son objeto por ello de su odio.
La tendencia principal de la insurgencia en Libia es la de recuperar la legitimidad ancestral de la cofradía Senussi, que no necesariamente se traduce en la restauración de la monarquía. Sin embargo, el derrumbe del régimen de Muamar Gadafi puede llevar también a una partición del país entre bloques de tribus aliadas o a la emergencia de una corriente extremista islámica que trate de imponer un “emirato” basado en el salafismo.
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