Luis María ANSON | Martes 25 de marzo de 2008
Claro que no estoy de acuerdo con algunas de las cosas que afirma ni tampoco con determinadas citas. Pero la objetividad intelectual exige reconocer que José García Abad ha escrito un excelente y difícil libro: “El Príncipe y el Rey”.
No es un trabajo sectario ni partidista. El desapasionamiento y la moderación vertebran la obra de García Abad. Tiene el libro errores, pocos, y muchísimos aciertos. El balance resulta altamente positivo. La obra, además, está muy bien escrita. La sangre del periodista alienta en todos los capítulos. La escritura es clara y eficaz.
García Abad ha puesto un espejo delante de la Monarquía parlamentaria española y de sus dos principales protagonistas: el Rey y el Príncipe, con recuerdos certeros a lo que significó Juan III en la construcción de la nueva Monarquía, que defendió desde el exilio durante cuatro largas décadas frente a la dictadura.
El retrato que ha hecho García Abad no es blanco ni negro. Tiene toda la gama de grises que exige la objetividad política e histórica. El libro favorece más que destruye, enaltece más que denigra, tal vez porque la realidad es que la Monarquía parlamentaria ha jugado un papel altamente positivo para la libertad y la concordia de los españoles, después de tres años de guerra incivil y cuarenta de dictadura.
García Abad ha enriquecido su libro con una serie de cartas escritas por el Rey a su hijo, que demuestran lo bien que Don Juan Carlos aprendió las enseñanzas y el sentido del deber que le transmitió su padre Don Juan.
A pesar de algunas discrepancias, mi aplauso para este libro constructivo, escrito por un hombre independiente, por un periodista que siempre ha buscado la verdad.
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