El rey quiere liderar el cambio
Jueves 10 de marzo de 2011
Aconsejado por Nicolas Sarkozy y Barack Obama, el rey de Marruecos propone reformar la Constitución y pasar de una monarquía absolutista a un régimen parlamentario basado en la división de poderes y en la soberanía popular. Mohamed VI ha tomado el pulso a la sociedad y se ha adelantado a la inevitable implosión política.
Las reformas propuestas por el rey en el discurso sorpresa de este miércoles no tienen precedente en la historia de Marruecos. En los años 90, cuando su padre Hassan II inició una tímida apertura política permitiendo a la oposición llegar al gobierno, dio un frenazo en seco cuando los partidos de la Kutla, la coalición formada por el partido nacionalista Isticlal, el socialista USFP y dos formaciones de izquierda, presentaron un manifiesto pidiendo una reforma de la Constitución y la redistribución de poderes. Hassan II rechazó la propuesta y mantuvo hasta su muerte en julio de 1999 la concentración en su persona de todos los poderes del Estado: legislativo, ejecutivo, judicial, económico, diplomático, religioso y militar.
Con el ascenso al trono de su hijo Sidi Mohamed, la sociedad marroquí y la clase política espero el cambio. Sin embargo, Mohamed VI acentuó la concentración de poderes, se apropio de todos los resortes económicos del país y hasta marginó a los departamentos ministeriales creando un sin fin de “fundaciones” alimentadas con el presupuesto público y bajo su control directo o el de miembros de su familia.
Sin embargo, el impulso dado en todo el mundo árabe por la revolución en Túnez y después en Egipto, estimuló la sociedad a exigir cambios y avances en el estado de derecho. Tras el Movimiento 20 de febrero formado por jovenes marroquíes conectados por las modernas tecnologías que exigió transformaciones en el país, lucha contra la corrupción y libertades, las dos formaciones políticas marroquíes con mas arraigo, una en el Marruecos rural, el Movimiento Popular, y otra entre la población urbana y las clases medias, la Unión Socialista USFP, reclamaron hace dos semanas un cambio en la Constitucion. El MP y la USFP han pedido reformas, redistribución de poderes y fijar un calendario político para nuevas Elecciones.
El Palacio Real ha sentido crecer la protesta interna en el país. No sólo en las manifestaciones populares en las principales ciudades del país, sino en el propio edificio político. Es más, los intelectuales marroquíes han comenzado a movilizarse, despertando de un letargo de años. El académico y popular escritor Abdelhak Serhane, conocido por sus posiciones constantes de denuncia de los atropellos policiales contra toda forma de contestación o critica al régimen, ha abierto el fuego contra la persona del propio rey en una carta publicada por el diario francés Le Monde hace un par de semanas. Bajo el título “la revolución marroquí está en marcha”, Serhane desnuda al “rey de los pobres” mostrando su faceta de “hombre de negocios, promotor inmbiliario y jefe de empresa”, rodeado de “viles cortesanos”.
El conocido escritor pone de relieve la infinita distancia que separa al pueblo mísero del magnate “multimillonario, con miles de coches a su disposición, yates, palacios, residencias, gastos y lujos fastuosos”. Y tras vislumbrar un futuro Marruecos con una monarquía como la española, Abdelhak Serhane interpela directamente al rey: “Se acabaron las divesiones, los viajes de ocio y las juergas. Es hora de remangarse y trabajar con altruismo, de forma transparente, para cumplir la misión que tiene encomendada. En caso contrario, Marruecos dejará de ser la concesión exclusiva de los Alauitas”.
Estos y otros son los antecedentes del discurso sorpresa del rey anunciando “una reforma constitucional global” y la formacion de una Comisión encargada de preparar el nuevo proyecto de Carta Magna. Hecho novedoso también, la reforma constitucional se hara esta vez “en concertacion con los partidos políticos, los sindicatos y las organizaciones de la sociedad civil”. La actual Constitución que data de 1962 y las ocho modificaciones que tuvieron lugar hasta 1996, se hicieron siempre bajo el control directo del monarca y por un reducido grupo de asesores sin tener nunca en cuenta la opinión de la clase política y menos aún de la sociedad marroquí. Esta vez, Mohamed VI ha querido pilotar el cambio… antes de que sea demasiado tarde.
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