Mar Fernández | Jueves 10 de marzo de 2011
En 2007 los hermanos Cohen titularon su oscarizada película “no es país para viejos”, nosotros al nuestro, podríamos titularlo “no es país para la excelencia”.
Ya desde los tiempos de la LOGSE, en materia de educación, allá por el año 90, nuestros gobernantes han tenido una especial devoción por la promoción automática del personal con gran desprecio a la excelencia, como si el esfuerzo y la capacidad individual y el destacar frente a los otros atentasen contra el ideario socialista del “todos iguales”; así nos ha ido,- nuestros estudiantes están en el vagón de cola de los informes Pisa- y así, hoy , de nuevo nos va en otro ámbito que también corre el riesgo de írsenos de las manos: nuestra proyección investigadora y científica. La falta de recursos y de una seria planificación de proyección convierte a nuestros científicos – excelentes, por cierto- en unos tránsfugas hacia otros países. Parece que somos incapaces no sólo de mantener aquí a nuestros mejores cerebros sino incapaces de atraer la excelencia investigadora de los de fuera.
Leo con desazón cómo, a pesar de los tiempos de crisis que corren, según el CIS el 77 % de la población - ¡ el 77%- ahí es nada!- considera que las inversiones en ciencia e investigación, es decir, en I+ D, no deben estar sometidas a recortes presupuestarios. Es decir, que el grueso de la población española aún siendo lega en materia científica y no estando familiarizados con un ámbito tan específico, tiene sumamente claro que un país debe, al margen de los vaivenes económicos, apoyar, fomentar y defender su sector investigador como uno de los motores que le dan fortaleza y desarrollo competitivo. La realidad de la gestión gubernamental, por mucho que la ministra Garmendia se congratule de que su ministerio ha sido el menos golpeado por los recortes, no puede estar más alejada de los deseos ciudadanos que, en este caso concreto, se manifiestan con una sensatez fuera de toda duda. En los últimos años el recorte presupuestario arroja un promedio del 16% y cerca de un 30% en el caso de los Organismos Públicos de Investigación.
El gremio científico tiene las espadas en alto, y nos conviene escucharles si queremos que se configuren como uno de los elementos en el que un país debe apoyarse para salir de la crisis. Su queja es más que justificada, los recortes presupuestarios, la falta de inversión constante y comprometida a largo plazo así como las oportunidades de desarrollo profesional en un ámbito de excelencia pueden dar al traste con generaciones de investigadores y pone en riesgo el futuro investigador de nuestro país. Nosotros que somos la novena potencia mundial en capacidad investigadora, en los últimos años – esto es algo que no dice nuestra ministra- hemos bajado al puesto diecinueve en cuanto a la calidad de lo investigado. Y sólo la calidad es, en este sector tan especializado, sinónimo de excelencia, el resto son pamplinas.
Nuestros políticos tienen la tendencia habitual de hacernos ver cómo gestionan una cuestión los países más cercanos de nuestro entorno para así, si la temática les es favorable, arrimar el ascua a su sardina y convencernos de su buena gestión y decisión, pues bien, miremos a nuestros queridos y potentes compañeros europeos…¿ por qué , entre otras muchas cuestiones, se obra siempre el “ milagro alemán”?.
Porque tienen 1.-un análisis serio de una situación, .2.- A la vista de los resultados, se plantean objetivos a largo plazo, es decir, visión de futuro y 3.- una firme decisión de ejecución en todos los términos concluidos. En el ámbito científico, Alemania, a pesar del estallido de la crisis financiera- y desde luego antes de su 3% de crecimiento- ha sido capaz de ver que debía hacer un sobreesfuerzo en potenciar su inversión en I +D. Ellos, cuya industria e I + D resultaba ya incuestionable, han decidido no dormirse en los laureles conseguidos y ante la amenaza de la fuerza del I+ D chino, han decidido, mediante un pacto consensuado entre todas las fuerzas políticas, comprometer la continuidad y el aumento medio del 5% anual de la inversión en I + D durante los próximos cinco años distinguiendo claramente entre investigación aplicada, investigación de frontera y la investigación orientada; El grito de guerra es claro: ¡ El I + D es la base del éxito comercial!, y el éxito comercial nos mantendrá en las posiciones de liderazgo económico. ¡ Qué lejos estamos de esa mentalidad y ese modo de gestión por mucho que participemos del mismo proyecto europeo!, así, claro, los hay de primera y los hay de segunda y nuestras desgracias no son consecuencia de un maleficio histórico sino del desatino y la falta de rigor y conocimientos de nuestros gobernantes.
Desgraciadamente en España el grueso de la inversión investigadora está en manos públicas. A diferencia de los países nórdicos , Alemania, y por supuesto de EEUU no hemos sabido incentivar a las empresas con ventajas fiscales, apoyo financiero en sus investigaciones, joint-ventures, colaboraciones con Opis, contratos laborales adecuados y diferenciados etc. para que respondan enérgicamente con inversión en I+ D: Nuestros “doctos” políticos siempre han pensado que el I + D es una cuestión tangencial y no vital para una empresa y la economía de un país, así las cosas, cuando en otros países, tras años de política diferenciada a la nuestra, la empresa privada sostiene 2/3 de la inversión en investigación, aquí es prácticamente el Estado quien debe sostenerla.¡ Un completo desatino de todo punto insostenible! Pero claro, de lo que se siembra se recoge y aquí la siembra estratégica hacia la empresa y la industria ha brillado por su ausencia.
Con estas realidades, investigar en España se ha convertido en una verdadera carrera de obstáculos y una prueba contra el desaliento.
Sería demasiado extenso y farragoso contar aquí los detalles de la situación, pero si bien es cierto que no es de recibo que un buen investigador llegue a los 40 años sin una estabilidad laboral también es cierto que el anteproyecto de Ley de la Ciencia no resuelve ni de lejos los problemas de fondo de la investigación en este país. ¿ Cómo es posible que una ley tenga la crítica del grueso de la comunidad científica?, ¿ qué está pasando, si son ellos los directamente afectados, es que no se les ha dado voz y voto en su redacción, en sus objetivos, en la adecuación del engranaje?. Quieren una ley que “ les permita llegar al Premio Nobel”, desde aquí , no con éxodos de cerebros que los consiguen desde fuera, una ley cuya objetivo prioritario sea conseguir “la calidad, la internacionalización y competitividad” de nuestra ciencia, no obstante eso, la ley es una pura resolución del entramado burocrático administrativo donde bajo la dignificación de “contratos para todos”, que es lo que quieren los sindicatos, caemos , tal y como comencé en este artículo, en la promoción automática del funcionario investigador. Nada más lejos de la excelencia investigadora que el funcionariado, y adicionalmente a esto, y para colmo, nada más lejos de la meritocracia y la calidad que la promoción automática. ¡Pues nos hemos lucido!. Volvemos de nuevo a nuestro pecado capital que tan caro estamos pagando: el miedo a la excelencia. Vamos a peor, sin duda a peor.
Sra. Ministra, ¿Cómo lo hacen nuestros compañeros europeos? ( GB, Francia, Alemania, Suecia, Holanda, etc), crean institutos de investigación, contratan a los mejores para liderarlos, seleccionan investigadores jóvenes muy cualificados, se pone dinero a largo plazo y se piden objetivos, si al final no se cumple, se cierra y punto, ¿ porqué tendríamos que mantener lo que no está rindiendo con altos criterios de calidad?.
En ciencia e investigación o se tiene calidad de verdad o no sirve de nada. Debemos establecer, más allá de las buenas intenciones de la Sra. Garmendia- que no pongo en duda sus conocimientos en el asunto- un verdadero sistema que trascienda los intereses políticos del conglomerado de administraciones o partidistas o sindicales, y articule la posibilidad investigación y la ciencia bajo los únicos parámetros de la selección del investigador no por carrera funcionarial de automático ascenso, sino de libre competencia curricular transfronterizo ( esto permitirá atraer a los buenos de fuera y mantener aquí a los mejores de aquí) , en proyectos financiados adecuadamente y de manera estable a largo plazo. Objetivos, excelencia, exigencia son las premisas para volver a ser competitivos y relevantes en un ámbito de trabajo cuyos resultados tienen repercusión en tantas áreas que afectan a nuestra vida. Si no es así, y en este anteproyecto no parece que se ataque el fondo de la cuestión seguiremos estando en un “quiero y no puedo”.
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