Javier Cámara | Jueves 10 de marzo de 2011
Siete años han pasado desde el mayor atentado terrorista en España y siete años es mucho tiempo para no saber todavía aspectos claves de lo que ese 11 de marzo sucedió. Desconocer a día de hoy con qué se asesinó a tantas personas inocentes o quiénes idearon tan trágica acción resulta, a poco que se reflexione, intolerable. Los atentados están aún por esclarecer.
No me quiero poner en la piel de las víctimas o de familiares de las víctimas que ven como este drama se gestionó, se gestiona y se gestionará con intereses políticos cuando, además, todavía no se sabe toda la verdad. Más doloroso resulta ver cómo desde algunas instancias se refleja una indolencia irritante para los que han perdido un ser querido o tienen secuelas para siempre.
Cualquier ciudadano que no haya querido pasar página, que no haya querido mirar para otro lado o, simplemente, cerrar los ojos no comprende que no se ha hecho justicia y, para vergüenza de quien se dé por aludido, cómo todavía hoy no se está haciendo lo suficiente para responder a todas las preguntas que quedan en el aire.
Nadie puede sustraerse de lo que rodea a uno de los capítulos más negros de la historia española cuando lee que la presidenta de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, Ángeles Domínguez, con toda la legitimidad que el cargo imprime, culpa directamente al Gobierno y al Ministerio del Interior de poner trabas e impedimentos para que se conozca la verdad.
Y digo yo: ¿A ningún político escandaliza que siete años después no sepamos toda la verdad? ¿Por qué ha tardado tanto tiempo el Gobierno en facilitar información al juez sobre el 11-M? ¿Qué motivos tiene para demorar la investigación? ¿Habrá al final responsables políticos o policiales?
Por otra parte, bueno sería saber qué opina el PP de todo esto y qué piensa hacer con la investigación del 11-M si llega al poder. ¿Seguirá calibrando la idoneidad de descubrir la verdad de la matanza cuando ya no les suponga un desgaste electoral? Ahora parece que quieren preguntar en sesión parlamentaria al Gobierno. Veremos por donde salen unos y otros.
Desgraciadamente, estos atentados y las elecciones que se celebraron tres días después no se pueden desligar de la sucesión de hechos y siempre se vinculará la intencionalidad política –si no en la motivación (no lo sé) sí en la gestión de la información generada– con la planificación de la masacre.
Por el bien de todos, de la justicia, pero, sobre todo, de las víctimas de los atentados del 11-M, se debe saber todo lo que sucedió, quién lo ideó, lo llevó a cabo y por qué. Y mano dura con los que obstruyen el normal funcionamiento de la investigación, porque sólo con la verdad muchas personas podrán vivir en paz.
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